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lunes, 25 de noviembre de 2013

"Hombre" - Semblanza

HOmBRE

por Guillermina Díaz

La naturaleza muere cuando el hombre comienza a construir.

Como todo lo que nace muere, así han pasado muchos años, el hombre por fin ha logrado ser el rey de lo que construye y destruye en su entorno, a través de fábricas, automóviles, edificios y zoológicos para que los animales habiten encerrados. Para él eso es vivir.

Él hombre destruye la única fuente de vida que tiene; sin ella no podrá existir, aunque ahora no le importe. Él sigue en su destrucción.

Imagina que un día todas las actividades humanas se detienen, y lo único que permanecería en movimiento sería la naturaleza.

Podría ser esto un sueño, mas nunca un imposible. Si el hombre es capaz de construir, debe ser capaz de reconstruir su naturaleza antes de que ella Muera.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Agotamiento de la humanidad (apuntes) II

por Mario Note Valencia


Miremos el rostro de los niños con ojeras densas y profundas. Esos cinturones son apenas la borra de la vigilia, porque en ellos se asienta la necesidad de permanencia en la lucidez, una lucidez dirigida por el ámbito y estadía de las luminarias. Esa lucidez se encuentra en los supermercados, sin propiedad de servicio ni de prohibición a coyunturas menores. Miremos los rostros, hay más verdad en la sonrisa sincera que en la sonámbula, aunque ésta última provenga del sueño. Los sueños se crearon para creer que la vigilia se vanagloria de su permanencia.

¿Quién le teme al sueño?
El Sueño desempolva el orgullo periférico de la vigilia; el Sueño se acerca y engulle a su contenedor, ¿o es éste el continente? Somos del Sueño y nos presta el sueño enfermo de la vigilia; aunque, ¿quién temería de su recuperación en un eterno hospital donde la salvación es dormir mientras se consume el suero?

¿Quién se encariña con la vigilia?
Entonces, sólo entonces, regresemos todos al sueño. Este oasis mirífico pronto será el lugar deshidratado de un curioso sueño, Sueño.

Los niños también han heredado nuestras ojeras densas y profundas.

Camino a la redención
Hace mucho tiempo había vaqueros en las calles de esta ciudad de plástico. Sus espuelas tenían la forma del encéfalo y montaban un caballo de crines que se movía con el viento de la ensoñación. 

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