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miércoles, 25 de enero de 2017

Sueño sin tiempo

por José Calderón Mena


Va, pensiero...

Esta mañana ha amanecido especialmente fría. Lo curioso es que este frío me hace sentir llena de paz. Se han alejado de mí las dolencias físicas y la ansiedad y la angustia que han sido constantes y no pocas a lo largo de mi vida.

No sé cómo describir con exactitud esta nueva sensación de mi entorno. Dentro de mi sueño (sin tiempo) escucho a lo lejos murmullos desconsolados. No siento el impulso de moverme; me siento trasladada, contemplada. Pero nada perturba mi paz, excepto la pequeña incomodidad de ser el centro de atención, cosa que nunca me gustó.

Acuden a mi mente recuerdos lejanos que me hacían sufrir, pero con los que me estoy reconciliando. Se alejan de mí los sentimientos afectivos y alguien borra de mi rostro las huellas de dolor y de preocupación que ahora carecen de sentido.

Recuerdo también algo que me obsesionó durante mucho tiempo: una novela de María Luisa Bombal que me atemorizaba. Incluso ahora la pienso y me reconcilio, aunque el tiempo se haya olvidado de mí.

La noche transcurre entre aromas de cirios y flores, de largos sollozos y tristes despedidas. Oigo a lo lejos las notas de Nabucco que tanto amé y que deseaba oír en este momento.

Ante el inminente acto de inmolación siento cerca de mí los afectos más cercanos: escucho la voz dolorida de uno de mis hijos que se despide al otro lado de mi sueño.

Estoy en el inicio de un camino que veo con esperanza. Mis ojos entre cerrados perciben esa ventana de luz intensa que me llena de paz y entre brumas alcanzo a leer la palabra crematorio.

* * *

Fotografía: “Amanecer con neblina en Castro” de Claudio Paz.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Agotamiento de la humanidad (apuntes) II

por Mario Note Valencia


Miremos el rostro de los niños con ojeras densas y profundas. Esos cinturones son apenas la borra de la vigilia, porque en ellos se asienta la necesidad de permanencia en la lucidez, una lucidez dirigida por el ámbito y estadía de las luminarias. Esa lucidez se encuentra en los supermercados, sin propiedad de servicio ni de prohibición a coyunturas menores. Miremos los rostros, hay más verdad en la sonrisa sincera que en la sonámbula, aunque ésta última provenga del sueño. Los sueños se crearon para creer que la vigilia se vanagloria de su permanencia.

¿Quién le teme al sueño?
El Sueño desempolva el orgullo periférico de la vigilia; el Sueño se acerca y engulle a su contenedor, ¿o es éste el continente? Somos del Sueño y nos presta el sueño enfermo de la vigilia; aunque, ¿quién temería de su recuperación en un eterno hospital donde la salvación es dormir mientras se consume el suero?

¿Quién se encariña con la vigilia?
Entonces, sólo entonces, regresemos todos al sueño. Este oasis mirífico pronto será el lugar deshidratado de un curioso sueño, Sueño.

Los niños también han heredado nuestras ojeras densas y profundas.

Camino a la redención
Hace mucho tiempo había vaqueros en las calles de esta ciudad de plástico. Sus espuelas tenían la forma del encéfalo y montaban un caballo de crines que se movía con el viento de la ensoñación. 

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lunes, 30 de septiembre de 2013

Principios para una apología del sueño

por Mario Note Valencia
"Sueño y vigilia" de Domingo Alagia
al 30 de septiembre de 1888

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Creo que la arquitectura de los sueños tiene mucho que ver con ese pez en el agua que se llama autenticidad. Y sin embargo ¿quién dirige al pez y quién a la corriente, aunque estacionera, del agua?

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El edificio onírico (y su armonía) es modelado por los movimientos de la autenticidad; su camino, en cambio, dirigido por el diálogo con lo cotidiano.

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Nos acostamos casi siempre con la piel erosionada. Las fisuras perceptibles son estímulos del natural rose con la cotidianidad. Cualquier ranura es respuesta, incitación al diálogo.

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Dejemos que venga la autenticidad, que encuentren confianza en nuestros ojos cerrados (pero más abiertos que nunca). Aun ahí nos trabajan las semblanzas del pudor; entonces el pez se aleja de la superficie.

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El sueño auténtico violenta al poder inquietante de la vigilia: la moral.

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En el sueño como en la oscuridad estamos ante la posibilidad de ser auténticos.

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La oscuridad es condición y forma, objeto y espacio. Los objetos ante la oscuridad son uno sólo: espacio.

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Tu piel es la tela suave del agua. Los sueños apenas construyen, desde la ausencia de la vigilia, los caminos para que pase tu contingencia.