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jueves, 19 de enero de 2012

Los cuícatl (Cantos prehispánicos)


Es indudable –y los españoles no pudieron arrancarlo de la historia mesoamericana– esa devoción que existía entre el hombre y el medio natural que lo rodeaba. La naturaleza, con toda su vasta expansión de vida, era como la madre primera y última de los indígenas; todo se regía alrededor de ella: los dioses tenían una función especial en el medio ambiente, los hombres tenían una relación estrecha con un animal según el día y hora que nacían, en pocas palabras: la naturaleza era metáfora viva, en ella se componía la poesía.
Los recopiladores españoles, ya lo dice Miguel León-Portilla en colaboración con Shorris E., contaminaron la esencia de la literatura náhuatl, interpretaron desde un punto distinto los tlahtolli (la palabra), y entre cada traducción o transcripción siempre hubo algo que se iba quedando; pero se acepta que en tales condiciones, la recopilación de los evangelizadores era la única manera de preservar el recuerdo de toda una cultura ajena al mundo occidental. Los frailes Andrés de Olmos y Bernardino de Sahagún desempeñaron este arduo trabajo de conservar y plasmar desde un inicio los comportamientos de los indígenas, con el fin de mostrarlo al mundo hispano que se encontraba en otro continente.
Entre lo que aún se conserva después de varios siglos de desinterés, está el cuícatl; cuícatl significa canto. Ciertamente los frailes reconocieron que no era lo mismo transcribir los cantos de los nahuas que presenciarlos en un verdadero rito, para así comprender mejor la función de esta actividad cántica (aunque algunos cuícatl también eran acompañados también por el baile, por danzas). Miguel León-Portilla hace una buena observación en cuanto al significado general del cuícatl, pues veo que él lo define, y así es en todos los estudios, como un sustantivo y no un verbo, es decir, no se trata de una práctica solamente, sino de todo lo que arraiga la metáfora cuícatl: 'canto', 'himno', o 'poema'. Y por poema entendemos, si referimos a Octavio Paz por ejemplo, que es aquella creación versada que tiene una mención, imagen y sentido, fundada en un ritmo; cita válida porque León-Portilla reconoce a los cuícatl como esas creaciones poéticas “dotadas de ritmo y medida”. Si se habla de poesía, entonces el cuícatl nos habla de algo entre sus expresiones. Buena suerte lectores efímeros. 

Honestamente: Marionote Valencia.

domingo, 23 de octubre de 2011

Escritora no... Pero nadie olvida a María Sabina


María Sabina fue una mazateca que desde muy chica se entregó a las visiones que otorgan los hongos, según ella lo cuenta. Cuánta sabiduría no puede uno entender cuando ella curaba a los de su pueblo por medio de sustancias que actualmente son consideradas dañinas; quién sabe, pero María Sabina estuvo, sin quererlo, en el ojo del huracán de todos cuantos curiosos y malintencionados querían conocerla y pagarle porque los dejase experimentar el viaje de los hongos alucinógenos.
Mil respetos.
Ella nació un julio de 1922 y murió en noviembre de 1985 en la Sierra Mazateca, al sur de México, por Oaxaca. Fue mujer, curandera, sabia y sobre todo una poetisa. En sus ceremonias ella manejaba la situación según la experiencia le había enseñado, y el contacto con los dioses que le dicen al mismo tiempo que no cualquiera puede ocupar el lugar que tuvo ella. María Sabina nunca escribió, pero lo literario lo emanó con el hálito interno que le hizo hablar y componer. En una oralidad de María Sabina notaremos varias señales de poesía pura:

I
Soy la mujer que examina
Nuestra mujer infinito, dice
Nuestra mujer remolino, dice
Nuestra mujer de las alturas, dice
Nuestra mujer de luz, dice
Soy mujer espíritu, dice
Soy mujer día, dice
Soy mujer águila dueña, dice
Soy mujer sagrada, dice (…)

Hay ritmo porque las mismas frases lo ostentan: la bella repetición de imagen y sentido. Hay anáforas; eso sería en retórica, pero considerando lo indígena, a la repetición (o reiteración) se le llama paralelismo. El paralelismo cambia según los versos que ya lleva dichos y cómo, con el sonido, ella sabe que se escuchará bien. En conjunto forma esos trances alucinógenos en los que ve a los espíritus que curan a través de sus manos. Vemos también las metáforas, éstas le dan sentido al verso que es forjado por los demás y al mismo tiempo. María Sabina se deja llevar por la corriente y su resultado es un poema muy versátil y profundo, porque abarca muchas características que a veces parecen nimias para el ser.
      Honestamente: Marionote Valencia.