sábado, 24 de julio de 2010

Me rasco con las dos manos

(En un lugar sobre lo terrenal)

  Leox: Sí, buenas noches ¿Hay alguien aquí? Soy a quien lo invitaron a la diatriba. (Se aprecia una leve exclamación)
  Leve exclamación: Pase y límpiece los pies por favor, al entrar verá una silla; siéntece allí y póngase cómodo.
(Leox entra con sutileza, se limpia los pies y se pone cómodo)
  Leox: Le importaría decirme con quién tengo el gusto.
  Leve exclamación: Soy el queso abominable.
  Leox: Me lo esperaba, ningún otro derivado de lácteo podría haberme hecho tan súbita invitación después de lo ocurrido en el 68. No dudes queso, todavía recuerdo tu fatal acción; Aunque me parece honorable tu invitación. ¡Habla queso!
  Queso abominable: Quiero poner a prueba tu percepción sobre tu mundo.
  Leox: Nuestro mundo.
  Queso abominable: Tuyo, mío, nuestro; vaya me parece una excelente apreciación de tu parte, una expresión posesiva para tomar mi libertad. Es nuestro, qué no
  Leox: Vamos queso, que no se te suba el suero; eso no fue lo que quise expresar sino, dar a entender que es aquí donde vivimos y es nuestro único hogar. ¡Único!
  Queso abominable: Ja ja (risa malévola) ¿Ahora tú eres el metafórico? Déjate de sandeces, qué ideas las tuyas de queres ayudar; eres tan superfluo y mira que te lo dice un queso.
  Leox: Lo trivial está de más, todos somos triviales por nuestra propia existencia, sin embargo la acción hace la diferencia. En lo mínimo la conciencia sobre la mano.
  Queso abominable: Explícate, no me vengas con retórica.
  Leox: Hablo de pequeñas acciones. Nosotros las personas tenemos la capacidad para rascarnos la nariz, pero no la suficiente inteligencia para diferenciar entre tirar "la basura" en un bote o en nuestra tina de baño, sólo abrimos la mano con ineptitud y cerramos los ojos ante la realidad. Mi orangután es más pulcro que nosotros y eso que se rasca el trasero con ambas manos antes de comer.
  Queso abominable: Mencionaste inteligencia, ¿Qué no halábamos sobre cultura?
  Leox: ¿Cultura? Mi exitencialidad quisiera que así fuera. Dime, te invito a que barras tu casa para que se vea mejor ¿Qué flojera no? Y ¿ Si te pago? Nada tonto ¿Verdad? Con dinero baila el tejón y ahora ¿Tú me quieres hablar sobre inteligencia y cultura? No me vengas con patrañas que una panela sabe mejor que tú. La humanidad sabe lo que debe de hacer; somos concientes de nuestros actos.
  Queso abominable: Vaya vocabulario el tuyo, a leguas se ve que no te educaron con cultura.

Se preguntará usted de dónde surgieron las convencionales letras anteriores.

Lugar: Armería. Dentro de una camioneta en el asiento de atrás.

Inédito: (Apunto de tirara un vaso desechable por la ventana de la camioneta)
oh! Hey Joel ya no estás en ese grupo ecológico ¿verdad? Ya no te enojas si tiro el vaso.
Joel: (Estupefacto)

Omitiré la respuesta que di por respeto al público cuerdo. Ahora si me disculpan iré a prepararme una quesadilla.
Con su permiso.


Leox
 

jueves, 24 de junio de 2010

De esa miel no beberé


Preludio:
Es oportuno mencionar que es la vez primera que anexo a un escrito ordinario el contraste del mismo. En pocas palabras, son mis ideas arcaicas contra mis reformas actuales.

Un sábado cualquiera, me desperté con una gran melena sobre mi cabeza. Así que era evidente que debía recortar mi cabello. Era yo en ese entonces, un efebo solitario caminando hacia una peluquería.

Llegué al lugar y las dos únicas peluqueras estaban ocupadas: la primera purgaba los pies de una señora mayor, y la segunda cortaba el cabello de un pequeño niño. Sin decir nada, esperaría a la segunda mujer, una gran peluquera, fundadora del pequeño negocio.

Bien, me senté en un sillón cuando noté que mi peluquera platicaba jovialmente con el niño:

            –Quisiera ser una abeja –dijo el infante.

–¿Por qué quieres ser una abeja? –le preguntó la mujer mientras le pasaba las tijeras por debajo de sus pequeñas orejas.

Yo, apenas escuchado esto, me vi en medio de una penosa conversación sin sentido; supuse que sólo eran cosas de niños.  

            –Dime ¿por qué quieres ser una abeja? –inquirió la peluquera.
           
El niño como mirándose tan absorto –que a su edad sería genuino– dijo sin mucho alarde:

            –Porque quiero probar la miel… nunca la he probado.

La peluquera siguió conversando con el niño, y yo sólo conseguí cavilar sobre lo que el pequeño niño había dicho. Es posible que alguien me confiese: “MarioNote te sorprendes tan fácil”. Admito que es verdad, pues no muy fácilmente encuentro a un niño con extraordinaria percepción de vida casi innata.

Aquella vez, ahora que lo pienso, fue como si hubiera sido colocado en esa peluquería para filosofar de lo que escucharía. Y como creo que soy el único ser que recuerda el momento, lo plasmo en esta redacción para que persista en el tiempo; por lo tanto es oportuno que yo recite con mis propios pensamientos la susodicha filosofía de la miel, la cual estoy seguro de que no cambiará de la perspectiva del lector, ya que es válida cualquier semejanza con cualquier otra filosofía…

Ideología de la miel:

“Si queremos probar la miel nunca gozada, deberíamos ser dignos de llegar hasta a ella. Deberíamos ser una abeja, solamente así lograremos reposarnos sobre los pistilos de las flores.”

Muy bien mi Lector Efímero, anteriormente ya expresé mis ideas acerca de lo que pensé inmediatamente después de mi encuentro con aquel diálogo emergido entre la peluquera y el escuincle. Presento a continuación lo que pienso hoy en día acerca del susodicho diálogo de la miel:

¿Quién había sido aquel niño? ¿Un filósofo? Tantas moralejas podemos desdeñar de aquel deseo pueril: el hecho de ser una abeja para probar la miel. Así es como funcionamos los seres racionales. Tenemos que ser algo en específico para poder probar de lo mismo; pero el niño algún día sabrá que todos somos tan volátiles que no podemos dedicarnos a una sola vocación dentro del ámbito cotidiano. Es decir, si soy una abeja para llegar a la miel, me cansaré de probarla todo el tiempo: el infante debería saber por Dios, y no escucharlo de mí, que éste es uno de los malditos defectos del hombre. Por eso mismo tenemos una cultura efímera, que persiste en el tiempo, lo mismo que lo que dura el polvo en el aire y sobre un mismo lugar.

Conclusión:
Por la simple razón de ser un ser humano, el niño está sentenciado a probar la miel y a enfadarse.

Reflexión:
Las abejas en la naturaleza tienen su función, incluso las flores en donde arriban estos insectos tienen una función perpetua. Y no se cansan, tienen un sentido de vida bien definida. Pero el hombre aún no sabe a qué vino al mundo. Mas sabemos de antemano que se vino a consumir y a defecar toda la vida. Dispense usted mi lector que diga esto con objetiva crueldad, y lo exhorto a que no tome esto como pesimismo, en cambio, es una crítica constructiva. Además veo que el hombre ha sido muy reconocido por sus benignas acciones, así que ya es hora de aplaudirle su maligna cualidad (sarcasmo).

Honestamente: MarioNote

sábado, 8 de mayo de 2010

Yo ni gel uso





Una invitación fue la que recibí, tenía que viajar en el transporte público durante al menos 15 minutos para después seguir un pequeño tramo a pie. Cuando evalué mi aspecto como pulcro, comencé a caminar hacia la parada-lugar donde se toman los camiones, aclarando-

En mi transcurso sólo iba pensando en mi existencial posición, por lo que mi entorno en contexto fue superfluo, de pronto mi pensamiento cayó de bruces por la intervención de un compatriota; él me dijo que venía, si mi recuerdo no me deja quedar mal de Nayarit, y que se había quedado dormido en el camión pasándose de su lugar de destino (cosa que yo también he experimentado)

Me contó su situación y de buena fe me pidió que si mi voluntad alcanzaba, le diera una "coperacha", (como él dijo) mas no quedó sólo en términos de estirar la mano y huir, sino que ofreció venderme un gel nuevo en diez pesos; su acción me pareció refinada y trascendente así que le di 15 pesos. 

Porque si tu esfuerzo y entereza te alcanza para no sólo estirar la mano y ofrecer una enajenación simple, (un cambio nada más) debes de saber que nosotros te ayudaríamos sin que esta condición se cumpla, pero tu esfuerzo será recíproco. Que todo sea digno del valor por donde mi vista cruce, esperando que mi acto altruista no sea digno de alago sino que de buen modo tú lo recibas. 

Todos como personas.

Leox


martes, 4 de mayo de 2010

La constitución de la des culturización (Parte I)


Como veo que el mundo se acelera, presiento que olvidamos llevar en la maleta nuestra cultura. A continuación una pequeña lista de afirmaciones que volverían loco a los filósofos griegos.

 

¡Oye! ¡Ya despierta! La sociedad te trae nuevas reformas:

 

Que el ensayo será la redacción del futuro:

Es posible, ahora todos se creen portadores de ideas nuevas; cuando el primer tema que les viene a la mente es “el aborto” o “la sexualidad.” Pero los hay peores: aquéllos que creen que hablar del “amor” será trascendental, mas terminan profiriendo una farfullada como: nunca nadie sabrá definir lo que es el amor.

 

Que la próxima vez que leamos un libro será por internet:

Bueno, al menos no mancharemos las páginas con residuos de comida.

 

Que el licor se toma como a la mujer: poco a poco.

Y si nunca he tomado alcohol ¿puedo notar la similitud?

 

Que serán criticadas las personas que inicien sus oraciones con un “fundamentalmente” o “básicamente”:

Esto sólo tiene validez cuando contestamos con una ínfima arrogancia, por no decir que “nos agarran en la movida”.

           

Que la próxima guerra será por agua:

Sí hay mucha agua, pero salada. Mi gente no quiere entender, así que me volveré indigente la próxima semana.

 

Que todo mundo puede escribir un libro:

Sí, sólo necesitas dinero y un tema muy trillado.

 

Que quién lo diría, ¡se acaban las mujeres!:

Lástima, en muchos casos, es sólo un sesgo al Snob de ser lesbiana.

 

Que leer un libro con un título que sea: ¿Cómo conquistar (…)? Ó ¿Por qué aman a los cabron@s? nos hace ver con más cultura:

Está bien, nunca creí que habría libros que con sólo tenerlos describirían nuestras intenciones; sin duda me volveré indigente la próxima semana.

 

Honestamente: MarioNote

 

Nota: si tú mi lector efímero tienes otra reforma qué compartir, exprésalas en este espacio. Tus ideas son importantes.

lunes, 5 de abril de 2010

Que llamen a los bomberos...


Tomaba té. Encontré un canal televisivo que trasmite sólo noticias; al menos eso creía hasta que apareció en la pantalla una refinada silueta amordazada bajo un vestido de licra azul, o eso interpretaron mis ojos cuando miré por vez primera a una dama que informara tan bien el tiempo climático de nuestro país.

Y observando aquella fisonomía femenina me llegó un horrible pensamiento… Además de mí ¿quién la ve al mismo tiempo? Entonces me solapé sobre mi taburete y perdí para ese entonces el sabor de mi té con ajo.

Mis entrañas se retorcieron al imaginarme que un millón de personas la miraban lascivamente. Mis ojos al menos, no habían corrompido esa línea de respeto. Pero ¿a quién le importaba? Estaba solo.

Pronto me vi cavilando sin ponerle atención al televisor:

<<¿Hasta dónde puede llegar una mirada?>>

Bien, que te miren significa algo: que le gustas, que se interesa por ti, que se conocen, que tienes algo en la cabeza… etc. Pero ¿puede llegarte a incomodar una mirada de más de un millón?

La muchacha de modelada figura era observada por más de un millón, y aún así no mostraba ningún síntoma de nerviosismo, quizá porque ella solamente miraba la lente de la cámara; ni me miraba a mí, ni a nadie más.

–Carajo –me dije–, y uno aquí poniéndole atención para nada.

Pues aún no recuerdo qué pronosticó para esta semana, maldición, deberían de grabarle sólo sus manos y darle tiempo después para que modele de cuerpo completo. Esto me hace recordar que en “Estados (Des)Unidos” se trasmitía un noticiero en el cual los conductores se despojaban de sus prendas conforme otorgaban las noticias; no quiero pensar qué sucedía cuando la dama del clima pronosticaba calor, ¿cómo ve usted mi LC (Lector efímero)?

Honestamente: MarioNote

miércoles, 24 de marzo de 2010

Hijo, estás comiendo moscas


Estamos a 26 grados centígrados o si lo prefieren a 78.8 Fahrenheit, un clima apacible y relajante. Son las 9:22 de la noche o si lo prefieren las 21:22. Me encuentro solo en una cómoda noche, sentado en una silla de madera, frente a la computadora, con una sabrosa taza de atole y un silencio menguante. Estoy en una situación que muchas personas con un toque de incredulidad me podrían decir. "Cabrón no estás haciendo nada."

En un silogismo repentino de astucia, muchas personas darían la veracidad a lo que entre comillas escribí. Aquí es la parte donde poniendo un pretexto me excuso de la situación, me preguntarán ahora, cuál es mi argumento. Pues lo que hago es cultura, quizá no de la manera adecuada ni trascendente pero si de la manera realista.


Es un punto que medité fugazmente, mientras me decidía sobre qué hablaría en lo que escribiría para el presente blog. Me vino a la mente de manera súbita la promoción de la lectura, algo que es imperdonable no "escribir" para su posterior análisis. Lo anterior lo puse entre comillas porque es así como me excuso de "Estar haciéndome wey".


Escribir, es lo que estoy haciendo, qué sería de la lectura y del mundo si las personas no tuvieran la cultura de escribir, de expresar sus ideas mediante esta sencilla forma de comunicación, trascendencia y desahogo. Asigno estos tres adjetivos porque es de las maneras más eficaces de hacer publicidad, de trascender y claro como no todo es de carácter público puede ser usado sólo para desahogo y satisfacción personal.


Cultura efímera te invita a que tomes la pluma y que existas pintando tus propias letras. Ve hasta donde tu imaginación, sentimiento y expresión te deje hacerlo.


Escribe.






Leox

viernes, 12 de marzo de 2010

Sonrisa bailarina


Hace poco –un día, para ser exacto–, presencié un ballet folklórico de Eslovaquia. El nombre del ballet no lo recuero porque es meramente extranjero, por lo tanto me parece no muy fácil evocarlo. Inicia con G; eso sí.

Primeramente, salieron al escenario los músicos, luego unas bellas damas que danzaban en el aire, con piernas de azúcar y miel; un cutis amarillo y esa mirada de nobleza y candidez.

A continuación unos muchachos güeros y con ojos de color, se presentaron de manera original, según decía su guión. Pero que los muchachos “caretones” aparecieran, provocó desaires entre toda la comunidad femenina.

Bueno, mientras el barullo se hacía cada vez más pasional noté algo sobre aquel ballet eslovaco que me haría sentir como un niño recordando que ha perdido un juguete el cual no le pudieron obsequiar. Lo expreso así porque aquellas personas sobre el escenario sonreían en todo momento. Entonces recuerdo cuando mi ex-profesor de danza dijo un secreto:
–Cuando bailen, tengan siempre una sonrisa dibujada. A veces, en un concurso se califica más la expresión, que los pasos más marcados sobre el piso.

Entonces decía que mostráramos una alegría, que el nerviosismo de una primera vez sobre el escenario, o una de aquellas ocasiones con diferente público. Rememoré esto, como un niño. No cabe la más ínfima duda de que aquel ballet folklórico eslovaco demostró aquella teoría grandiosa de mi ex-profesor de danza. Para ese entonces, era tres años más efebo.

Concluyo: Eslovaquia nos muestra un fragmento de su cultura; una danza impetuosa digna de reconocerse… no por sus bailarines, sino por la manipulación de su baile.

Honestamente, y después de tanto: MarioNote

miércoles, 3 de marzo de 2010

Quiero mi cocol

















El tiempo siempre será un juez implacable, ahora sólo me toca suspirar.

Ya recuerdo aquella vez cuando la brisa elevaba mis anhelos de vivir, yo apenas tenía 8 años así que nada me preocupaba, mi vida era un simple juego y mi mundo era egocéntrico; lo era en el sentido que mi percepción tenía una longitud delimitada sobre mi propio entorno. Yo era niño y sólo quería divertirme. Como nadie me obligaba a ser constante, solamente fui descubriendo cosas nuevas abandonando las pasadas, para mi una quimera, pero quisiera ser adulto, ellos se divierten más. El tiempo pasó.

14 años, ya dejé todos esos juegos que me alentaban a ser libre, lo de ahora son las chavas, creo que ella me gusta, se lo diré, pero tengo que parecerle atractivo, además de mantener el respeto de mis demás compañeros. Oh rayos hablan sobre un programa de televisión que no he visto, debo verlo pero al rato tengo partido. Me sigo dedicando a mi mismo, pero lo hago con la finalidad que lo que logre se vea reflejado en cómo me veo.

25 años, ya no me siento un niño, rayos mañana trabajo, pero está bien, obtendré dinero para comprarme más cosas e ir con mis amigos a dar el rol en la noche. Mi enfoque no cambia.

60 años, veré que hay en la tele. Ya estoy viejo para otras actividades, quisiera ser niño otra vez. Acto altruista.

80 años, ¿Mande?

Un mismo inicio, un mismo final. pero diferente transcurso.

No desaproveches tu vida.

Hoy dejé mi vida de lado,

Leox




martes, 2 de febrero de 2010

Mi orangután sabe hacer palomitas


A medio día cuando la víspera de la comida orea nuestra nariz y estas apunto de dejar el trabajo para darle placer a uno de los instintos más satisfactorios de la vida como lo es comer, te encuentras en una situación incomoda pues llega clientela a tu trabajo, tu ética profesional te dice que atiendas el caso y tu estómago, si pudiera hablarte seguramente te la rayaría (Como se emplea en el léxico del adolescente).


Como todos los médicos "responsables" hacer pasar al paciente, lo analizas fugazmente con la mirada y preguntas cordialmente con la mayor amabilidad que tu tripa te deja expresar:


-Qué ocurre- después una respuesta con un tono de preocupación describiendo los síntomas, mientras los escuchas analíticamente. La tripa sigue pensando en tacos de frijoles, así que haces pasar al enfermo, anteriormente analizaste la situación y has adoptado ponerle una dosis de "soletil" (anestésico) para hacer una operación rápida; el paciente está en la mesa, lo tranquilizas y le aplicas la inyección para comenzar con la operación. Queda dormido y le tomas el pulso, mientras tanto recuerdas como te decían sus deudos


-cuídelo mucho- En ese momento te das cuenta que no tiene pulso, el tiempo empieza a transcurrir más lento que lo normal, ves como una vida se te va entre las manos y no lo puedes aceptar, entra el nerviosismo pero rápido recuerdas lo que has aprendido; súbitamente le tomas la cara, le cierras el hocico mientras tomas una gran bocanada de aire que le aplicas directo a la nariz- no funcionó- lo vuelvas a hacer y con la delicadeza empleada por un profesional golpeas la caja torácica con una fuerza que podría quebrar sus costillas.


Una gota de sudor corre por tu frente cuando con gran alivio ves como toma aire regresando de la canoa de caronte.


Al final sales con él y le dices a su dueña:


cuídelo como mi vida- ella responde-claro, mi orangután se lo agradecerá.


Mi corazón late igual que el de un animal.



Leox

Experiencia… (Parte II)

La presente redacción la compongo como continuación de mi primer aporte a este espacio en noviembre del año pasado. Lo que me llevó a escribir esto fue porque desde hace días cierne en mi mente cosas que por más pequeñas que sean, me hacen cavilar. Ahora me doy cuenta, de que la vida no se olvida si la redactas.


Después de mi primer encuentro con la señora, la volví a ver varias veces más como supuse tácitamente. Éramos, cuando yo trabajaba en aquel lugar, compañeros lejanos con la idea oreada de que cuando yo necesitara algo podía recurrir a ella (sólo en lo laboral), y que cuando ella necesitara cambio en monedas vendría hasta mi lugar de trabajo. No supe si podía considerarla una amiga y no una compañera.

A veces necesité de su servicio, otras ocasiones requería saludarla todos los días por la mañana para que supiera con mis acciones que mi interacción con ella era altruista.


Mi coexistencia con la señora sólo coincidía en respirar el mismo aire artificial de aquella tienda enorme, y yo olvidaba con eso, poco a poco la vez primera que me habló.


Algunos días pasé minutos –cuando en realidad no tenía nada que hacer– imaginándome su vida, ¿qué escondía en esos años cicatrizados sobre su rostro? Qué tanto podría esconder ella en esas sonrisas furtivas desde lo lejos. En ese tiempo yo no podía medir y cuantificar mi vida, mucho menos la de ella.


No le costaba más de lo que ya le había costado su existencia, articular sus labios y proveer una sonrisa sencilla y grata.


“Trata a tu familia y a tus amigos como tratas a los clientes, y conseguirás el éxito” dice Abe Wagner en una obra. Le doy la razón. A un cliente se le trata mejor que a un amigo, porque si no, se te va del negocio, y el amigo no se aleja aunque lo trates con poco delicadeza.


Honestamente: MarioNote