lunes, 24 de enero de 2011

Cuando existe una injusta injusticia


I
Siempre es importante guardar una copia de los documentos que, de alguna manera u otra, regulan nuestras relaciones sociales. Hablo en este caso de lo laboral: los contratos.
Vamos.
II
Cuando se tiene la copia de un documento, se comprueba que el original existió; tal prueba es una gran herramienta para cualquier problema inesperado que se presente. El caso de la vida real (aunque suene telenovelesco) que a continuación redactaré, tiene que ver con la triste historia del hombre que firmó su propia renuncia.
            Al principio no suena tan grave que un hombre haya firmado su renuncia; lo que en realidad sucede es que este hombre ya es viejo, no sabe leer y poco le faltaba para jubilarse. La empresa, una empacadora de limón, fue quien le puso una trampa, al aprovecharse que no sabía leer, le dijeron que firmara con su pulgar un documento cualquiera. Tiempo después le afirmaron que él había aceptado renunciar.
            –Pero ¿qué? –imaginemos que habría dicho esto; después de tantos años de servirle.
            Ahora la familia del señor le reclama a sus oídos que por qué no pidió que le leyeran el papel.
            –Debes buscarte unos abogados –otros aconsejan.
            –No sé si se pueda hacer algo –él contesta.

III
Conozco a este viejo porque en mi niñez fui varias veces al corte de limón, y él era quien nos recogía en su camioneta o en un gran torton de la empresa. Hasta hace pocos años que dejé de desempeñar aquel trabajo y todavía me acuerdo muy bien, qué tan duro es el asunto del campo, esto cuando veo a una familia esperando su transporte que los lleve a la limonera. Tal dirección de trabajos llevó a mi familia conocer a aquel señor, y ahora cada vez que lo saludo, me acuerdo de que detrás de él existe una traición; bueno, hay algunas veces que no me acuerdo: que por el maldito dinero le hicieron firmar su renuncia.
             Pero hay algo que rescato de todas estas imágenes injustas: este viejo ya es un sabio, que no por nada, como se dice aquí en Tecomán, tiene los años. Aunque no sepa leer, hay cosas qué aprender de él, cosas que no se aprenden en los libros. Y es injusto, para recalcar, que haya personas que no les importe la vida de los demás, inclusive cuando son a los sabios contra quienes atentan; gente ignorante con títulos mal ganados. Podríamos entrar ahora a un debate sobre quiénes sí merecen nuestro respeto y quiénes son simplemente una bacteria para la sociedad; pero ese asunto, mi lector efímero, ya es otra redacción.
            Honestamente: Marionote.

sábado, 15 de enero de 2011

Hablemos de signo a signo


 Preámbulo: ayer han dado la noticia de que un nuevo signo zodiacal se ha descubierto, pero en realidad me he dado cuenta en otras fuentes de que esto no era algo nuevo.
Ofiuco, el nuevo signo.
            Toda persona actual lucha por identificarse ante los demás. A cierta edad decidimos cómo vestirnos, qué música escuchar y hasta cómo hablar frente a personas específicas; pues al final de cuentas eso nos identificará en la sociedad.
            Hay otra cuestión que identifica a las personas: la fecha de su nacimiento. Tal día determina un signo zodiacal: el cual, cuando supimos, creíamos en las predicciones de un géminis, virgo, leo, libra, etc., sus contradicciones y compatibilidades. Esos pronósticos encajaban muy bien con uno, decían la verdad y nunca erraban. Pero eso sí, aceptábamos las predicciones buenas como “prosperará en el trabajo” o “en el amor le irá muy bien”; y no creíamos en un “debe cuidarse, alguien le prepara un complot” o “el amor se alejará de usted”.
            El caso es que la gente común y corriente –como nosotros–, no están inmiscuidos en lo espiritual, es decir, no tenemos idea de dónde vienen los signos zodiacales (o a lo mejor usted sí lector efímero); pero lo aceptamos como un complemento más de la vida social, que se puede tomar o dejar. Para quienes lo toman, y hasta se han tatuado su signo zodiacal en toda la espalda, hay una tremenda noticia: un signo había pasado desapercibido en las estrellas durante todos estos años, y viene a reclamar su lugar en el calendario. Así es lector o lectora, el nuevo signo lleva por nombre Ofiuco y ha de mover todas las temporadas de los signos. Ahora son trece, nada mal.
            El problema recae en la impresión que se llevarán las personas fieles a su signo del zodiaco, a esos horóscopos mañaneros de la televisión. Y es que por ejemplo, si yo era sagitario, ahora probablemente sea libra o escorpión, porque sagitario quedaría hasta el mes de enero (eso han dicho en las noticias). Y sin más explicación, vienen las preguntas devastadoras: ¿qué ha pasado entonces todos estos años?; ¿hemos vividos en el engaño? Ya los espiritualistas darán una solución, pues no es un asunto leve, tan solo pensemos en todo lo creado hasta entonces… Primero la caricatura Los caballeros del Zodiaco; los calendarios creados bajo señalamiento de los signos; los tatuajes en la espalda; los correos electrónicos con un guion bajo seguido de mi signo zodiacal; además de todas las mañanas en la que me levantaba y encendía el televisor para escuchar mi horóscopo, aunque todas las méndigas predicciones se parecieran. ¿Qué pasará?
            Pero bueno, esto importa poco para La cultura efímera, incluso, sale sobrando; pero aun así conviene redactar esta situación de la actualidad, ya que es clave para entender cómo es una “cultura efímera”, que dura poco, que cambia a cada momento; un día creemos en algo, al otro día ya no. Es nuestra necesidad de creer y crecer con ese pensamiento. Pensamos que no nos basta lo que hay alrededor –eso que podemos tocar–, y por eso buscamos vagas ideas de personas distantes y desconocidas que aparecen en la televisión, en la radio o en cualquier medio de comunicación para prevenirnos del futuro. Pero ¿a qué le tenemos miedo? ¿al futuro?
            La verdad es que me agrada hacer un melodrama con todo esto: si van a cambiar de posición los signos zodiacales, que los cambien; luego trataré de borrarme ese tatuaje de mi espalda. ¿Qué piensa usted? Sus pensamientos son bienvenidos. Buena suerte.
            Honestamente: Marionote.

jueves, 6 de enero de 2011

En la edad de los deseos


 ¿Qué es un adulto? Un niño inflado por la edad.

Simone De Beauvoir


Yo creo que los favores no deben de olvidarse, como no debe olvidarse que la vida de niño vale mucho. Pero en aquellos tiempos uno no piensa en eso; todo es más sencillo, o más difícil.


           Llegué de mi trabajo temporal, cuando me advirtieron que una de mis pestañas reposaba en una de mis ojeras. Yo me la iba a quitar con mis dedos empolvados de tierra… ¡Espera! Me dijeron. Pues bien, me quitaron la susodicha pestaña entre los dedos de una persona menor que yo. Después me dijo: “pide un deseo, luego dime dónde crees que está tu pestaña: ¿arriba o abajo?”
            Rememoré ese juego de niños que no cuesta nada, que es sano y a la vez deliciosamente intrigante. El juego consiste que cuando a uno se le cae la pestaña, se tiene la oportunidad de pedir un deseo, y si se es acertado de si la pestaña quedará en la yema de arriba o de abajo, el deseo se cumple.
            Pero después de mucho tiempo, quizá, no me había puesto a pensar en algún deseo, personal y secreto. No perdía, sin embargo, nada con desear algo en un simple juego pueril. Además, a mi edad ¿qué podría yo pedir? Ya no me veo como un niño... Pero puse mi deseo en el pensamiento. Así que llegó la hora de adivinar en qué yema de qué dedo había quedado la pestaña, si arriba o abajo. Afortunadamente le atiné; mi deseo, seguramente, comenzaría a forjarse. Para esto mi lector efímero, yo seguiría con mi vida normal cuando la misma persona me pregunta: “¿vuela o no vuela?”
            Oigan, esperen, eso no es del juego original: ¿qué es eso que después tengas que adivinar si la pestaña sale volando de la yema o no con el aliento de la boca? Veo que los juegos siguen evolucionando, incluso éstos que son baratos y una maravilla. Preocupado por el segundo acertijo, no fue necesario contestarlo. La otra persona me dijo que no había problema, que con el primer acertijo bastaba. Me apacigüé.
            Diga usted lector o lectora efímera, ¿recuerda algún deseo que haya pedido hace mucho tiempo? Y ¿qué pediría ahora? No lo mencione, mejor espere a que una pestaña se le desprenda involuntariamente. Verdad es, que desear no cuesta nada.
            Honestamente: MarioNote.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Si en recuerdos me ves, te verás


Aquello, una reunión inesperada, era un festín de risas. El hombre lo contaba todo; poco a poco. Se acordaba de algunas anécdotas ajenas a él: sobre sus primos migrantes y el encuentro con la chota* en la frontera México-E.U.A. Para ese momento, ya sé que este hombre rememora su vida como capítulos de una película; puede regresar a su pasado cuantas veces quiera, sin olvidar los detalles más importantes.
            Ya entre una coincidencia, me advirtió que una mujer debe servirle al esposo, sea cual sea la hora. Pero eso sí, decía: la mujer no solo puede dedicarse al hogar, sino a lo laboral: “si quiere trabajar, que trabaje”. Apenas puedo resumir lo que me dijo aquel hombre, antes de que la conversación se volviera sombría.
            Fue ese hombre quien, por azares de las conversaciones en la noche, habló ahora de su hermano: mi tío; a quien nunca he visto.
            –Debes conocer a tu tío. Es más grande que yo.
            Asentí con la cabeza.
            –Vendrá para este año, yo sé que vendrá –me dijo como mirando al cielo y acordándose–. Yo ya fui para allá, ahora a él le toca. Se vendría en avión.
            Quise preguntarle qué le hacía pensar que pasaría, si ya tenía más de veinte años que no venía a Tecomán. Mejor me callé; solamente escuché su voz corrompida:
            –Tu tío me ha dicho: “carnal, es que ya somos viejos”.
Llegó el momento de que me hablara de una muerte casi tranquila: ver a los familiares antes de que desaparezcan. Esa noche, a pesar de tardía, seguí escuchando la voz de aquel hombre, y creí haber escuchado las voces de la nostalgia.

*La chota quiere decir la policía.
Que tengan buena suerte en todo lo que hagan. Alegre año nuevo para todos los lectores efímeros. Honestamente: MarioNote.

martes, 23 de noviembre de 2010

Último recurso: tomar al mundo con humor


Tres personas: hablando por celular mientras esperan el autobús.
Un amigo: Mario, has salido en el feisbuk.
Yo para mí: pero si ni siquiera tengo.
Ve nomás.
Aquí ya hay muchos automóviles, te quieren atropellar, o al menos no les importa; se les hace tarde, invaden el carril exclusivo para bicicletas. ¡Cuidado! La acera ya no es segura: ya no basta. Con ganas de fotografiar a los conductores cuando hacen lo indebido para que les arda saber que han sido fotografiados. No hay porqué tanto coche, en porcentaje, aquí en Colima tenemos más que en el D.F. Es lamentable y sin duda no dejamos de ser transeúntes en peligro, y no sólo de los carros.

Ante este problema, he solicitado al gobierno que me patrocinen con un extintor y un chaleco antibalas para estar más seguro en todos lados –uno nunca sabe–. Bueno, el extintor podría dejarlo en casa pero combina muy bien con mis calcetines; y el chaleco lo necesito porque a veces no tengo nada que ponerme. Pero el gobierno, creo, hizo caso omiso a mi petición.

Yo ya no sé qué pensar. Veo a tres personas utilizando el teléfono celular; luego, yo veo la hora en el mío –tiene cámara fotográfica, así ya logro ser algo en la sociedad–. Mientras toreo los coches trato de escribir un mensaje. Es inevitable que no nos adaptemos a la tecnología. Eso sí, toda la vida está archivada en el feisbuk, si desean saber de mí, allí me pueden encontrar aunque no tenga una cuenta. Sin embargo, por no adaptarme todavía a las redes sociales, me he perdido de muchos anuncios muy importantes.

Mientras tanto enviaré otra petición al gobierno del estado, he aquí mi lista:
-Un extintor color azul.
-Una chamarra antibalas (ya ven, por eso del frío).
-Un seguro para cada parte de mi cuerpo.
-Un paquete de lapiceras color negro (opcional).

Como ven, no es fácil ser una persona común y corriente: hay que adaptarse. Les envío un caluroso saludo. Honestamente: MarioNote.

lunes, 4 de octubre de 2010

No hay amigo que de bien no venga


Mi madre descansaba su cuerpo en la mecedora. No había dormido sus horas, no había dormido nada. Todo esto por aquella situación que la llevó, una tarde como la de aquel día, a descansar su cuerpo en la única mecedora de la casa.
            Aun así, se puso de pié y comenzó a cocinar. Me dejó la comida preparada mientras yo hacía mis tareas estudiantiles. Ella salió a la calle y me percaté de que le había hablado a una vecina:
            –¿Qué hace doña...?
            –Aquí resistiendo al calor –respondió la viejita.
            Yo sentí que a mi madre no le hacía falta tener que entablar una conversación con aquella viejita, porque sé que todo lo cuentan y si mi mamá le platicaba la situación por la que pasó y por la que tuvo que descansar en la mecedora, seguramente toda la calle lo sabría (nada grave).
            Pensar en eso me indignó... pero nunca me pasó por la mente hasta ahora, de que mi madre también tenía amigas. Tan desconsiderado fui, como todos llegamos a ser.
            Honestamente: MarioNote

jueves, 2 de septiembre de 2010

La soga también va en el cuello.

¿Hasta cuándo podremos decir que merecemos un "gracias"?
Antes aclaremos que el agradecimiento no se solicita ni se paga con ninguna otra acción que creamos que sea equivalente. Los favores allí están, sin dejar de tocar el voluntariado. Ser voluntario para realizar algo significa no esperar nada a cambio. Pero ¿qué sucede cuando el favor voluntario es malagradecido? ¿Acaso tenemos derecho de exigir un ínfimo "gracias"? Lo discutiremos después de la consecuente redacción.
El Sr. Villanueva se prepara un café con leche caliente. Su trabajo es mover las montañas de basura en el relleno sanitario de Tecomán. Para las nueve de la mañana inicia su ardua labor. Antes de que culmine el día, el Sr. Villanueva está de nuevo en su casa. Pero no descansa como debería, porque la huelga de sindicalizados de Tecomán que lleva más de dos años, le comienza a robar el pensamiento. 

Al día siguiente antes de irse a trabajar prepara todo lo que puede: una taza de café con leche caliente. Al salir se encuentra a su vecina en un estado de intranquilidad femenina. 

-¿Qué sucede?
-Mi bolso don Jorge, mi bolso se fue a la basura -afirma la señora sollozando.


Para ese instante, la señora rebusca los contenedores de basura.

-¿Cuándo? -pregunta el Sr. Villanueva.
-Ayer en la noche, estoy segura que accidentalmente mi bolso se fue entre la basura...
-Íjole doña Cleme, ayer por la noche pasó el camión recolector. Ahora mismo su bolso debe estar entre toda la basura del relleno sanitario. Pero dígame ¿qué traía su bolso?
-Traía... ¡tres mil pesos! -clamó la mujer -. ¡No puede ser!

Ante aquel lamento, el Sr. Villanueva se conmueve.

-Mire doña Cleme, yo sé qué se siente no tener dinero. Trataré de buscar su bolso entre la basura que yo remueva.
-¡Gracias don Jorge! Si usted encuentra el bolso le regalaré dinero.

Sin más, el Sr. Villanueva culminó su trabajo como todos los días, pero la noche lo sorprendió buscando el bolso de la señora. Removió basura con sus manos, escudriñó toda la basura de palmo a palmo. En verdad que era un acto sobrehumano estar hasta altas horas de la noche buscando infatigablemente. Hasta que encontró el susodicho bolso de mujer con todo el dinero. Regresó a su casa, se bañó, miró a su hija subirse a un caballito de madera, y una sonrisa se dibujó en el rostro: entregaría el bolso esa misma noche. Compraría el gas la mañana siguiente.

Lo que el Sr. Villanueva dijo esa noche antes de dormir fue:

-Me hubieran dado aunque sea 50 pesos para la soga. Y luego ahorcarme.

Efectivamente, la señora Cleme ni siquiera se tomó el tiempo de decirle "gracias". No le dio dinero, ni nada. Después de todo no hubo dinero, por dinero recuperado. Ya bien amanecido Tecomán, el Sr. Villanueva toma su taza de café frío. Se dirige a su trabajo.

¿Merecerá un gracias el Sr. Villanueva? ¿O simplemente debería olvidarlo todo?
Usted diga, lector.

Honestamente: MarioNote

domingo, 29 de agosto de 2010

Ya no es la misma gata


Reflexión sobre la falta de valores en la actualidad


Es contundente: la sociedad ha cambiado bastante. Para bien o para mal, las reformas se suscitan como necesidades del ser humano que deben ser satisfechas al momento. De esa misma manera se cierne sobre el mundo la violencia, la discriminación, el terrorismo, etcétera; así como el menester de reconstruir lo que nunca jamás ha existido: la paz mundial. Vemos pues, que el problema es entre y sobre las naciones, pero muy difícilmente aceptamos que formamos parte del escollo, es decir, de la Nación. No percibimos además, que todo se produce gracias al sentimiento en común de una sociedad, pero más específicamente, de un individuo. Pasemos entonces al hito de la situación, sin duda alguna, el ser humano y sus míseros valores.
            No voy a ocultarle ni a negarle mi lector efímero, que mucho se ha debatido sobre los valores, pero que poco de la verdad actual se ha oreado. La verdad actual de los valores es mucho más cruel, o para ser más exactos, ya ni siquiera hay respeto por nosotros mismos. Pero primero entendamos qué es un valor. María Candelaria Cruz nos dice: “Llamamos valores a todo aquello que enriquece a una persona y contribuye a que sea cada vez mejor”1 Ahora bien, esta definición es tácita pero de igual manera, tiene cualidad de inútil en nosotros. Hoy en día no se pueden decir cosas buenas de nosotros, y si lo dicen es de manera finita porque somos meramente volátiles, y por lo tanto generamos desconfianza: un día queremos ser algo y otros días queremos no serlo. Entonces ¿dónde quedó la perseverancia? No somos asiduos a nuestra personalidad, a nuestro semblante o a como nos comportamos ordinariamente, puesto que lo descomunal de nosotros es aquello que ocultamos para no asustar a los demás. Susodicho es el caso del enojo. Yo recuerdo que cuando alguien me ve enojado me dice “tú eres otro”.
            Si retrocedemos el tiempo, apenas al siglo pasado, veremos que antes sí se respetaba a los mayores, que los niños no se metían en conversaciones ajenas, y que sobre todo existía esa línea de respeto. Hasta aquí, el sentido de valor tenía sentido. Podemos rescatar algo que dice María Candelaria Cruz sobre los valores: “son guías de conducta.” Como dije, la sociedad ha cambiado, pero decir que los valores son guías de conducta no ha trasmutado con el tiempo, siguen lo valores ahí, casi intactos por todos y conocidos por pocos. Sólo aquellos que los ponen en práctica saben de qué trata el amor, el respeto, la tolerancia, la amabilidad, etc.
Confucio dijo: “El que arroja lodo, pierde tierra.” En sentido práctico, sólo se puede dar lo que se tiene. Si no vivimos con valores cómo sabremos regular nuestra conducta.
Hablaba ya sobre el siglo pasado, pero aún no menciono que los valores tenían dos filos. En el tercio de cuarto del siglo XX todavía sólo al hombre se le respetaba, se les pegaba a los niños entrometidos, y esa línea de respeto que existía era una ingrata desventaja para la mujer. Por eso debo admirar también nuestra personalidad volátil, que hizo corromper la desigualdad y que logró que los niños tuvieran la libertad que su desarrollo necesita. Pam Schiller junto con Tamera Bryant nos dan un ejemplo de ello: “La mayoría de nosotros creció con padres que respetaban al presidente (…) sólo por su posición social. Esto no es una verdad hoy en día.”2 De esta manera, en la actualidad a la gente se le puede respetar por el simple hecho de ser persona, pues como persona vale. Todos tenemos el mismo valor, o por lo menos eso se quiere lograr, puesto que ya no hay moral, ni cariño, ni casi nada que se le parezca. Quizá esté exagerando, pero generalmente así es. Ya no podemos apreciar el cariño de manera escueta, sino vemos cómo todo sentimiento necesita un artificio. Ahora el respeto se gana, ya no se merece.
Hace muchos años ganamos nuestra libertad, en muchos sentidos. Pero la libertad individual se ha desbordado desgraciadamente. ¿Ahora qué esperamos de los niños que aprenden de valores mal definidos? ¿de aquellos niños que ya no respetan a los mayores? Por mi cuenta, no me tocó vivir cuando las personas tenían por lo menos una jerarquía de valores de doble filo –y no muchos filos como ahora–, cuando el mundo era un poquito más humano –a nivel particular, por lo menos–, y cuando las fotografías eran a blanco y negro. Por eso digo que ahora ya no es la misma gata.
Hoestamente: MarioNote
BIBLIOGRAFÍA: 1 CANDELARIA, María. (2006). “Taller de actitudes y valores para jóvenes de todas las edades”. Libris Editores. || 2 SCHILLER, Pam. (2001). “Cómo enseñar valores a los niños”. Pax México.

domingo, 8 de agosto de 2010

La Constitución de la Des Culturización (Parte II)

Es flagrante la manera fugaz en que la cultura es víctima de cambios. Tal hecho amerita una segunda parte de la constitución de los des-culturizados. Acaso usted estimado lector, ¿coexiste con alguna de estas afirmaciones que presento? Personalmente reservaré mi respuesta hasta cuando usted y yo nos encontremos frente a frente –y claro, si es que lo pregunta–.

 

Mi fin último es dar a conocer lo que podemos evitar para no estancarnos en la imperante des culturización. Sin más rodeos, he aquí nuevos aforismos:

Que cuando te despidas de alguien digas “bye” en lugar de un “adiós” o un “hasta luego”:
Bueno, sería una utopía que todos entendamos realmente de que somos hispanohablantes y que por consecuente deberíamos de agrandar nuestro lenguaje y no reducirlo en palabras inglesas. Aconsejo que se diga “abur” que en el diccionario español significa “adiós”.


Que si no perteneces a una red social por el ciberespacio, estarás fuera de todo lo que acontece:
Ineludiblemente somos una sociedad que requiere comunicación al minuto. Estas redes atrapan al usuario y lo condicionan a ser dependiente de un mundo virtual en donde persiste un reposo mental atiborrado de información efímera y pesares que nunca debían ser más que comentadas personalmente. Es decir si te sientes mal ya no habrá quién te abrace sino quién teclee un “abrazZo”.


Que las historias de vampiros tienen más revuelo ahora que antes:
A todo lugar que voy observo libros, películas, revistas, series en la televisión acerca de vampiros. Ya no es divertido imaginarse que uno mismo es un vampiro, porque todas las historias han sido exprimidas y explotadas en éste género.


Que la mejor manera para demostrar que tenemos cultura es vestirnos como nuestros antepasados:
Sí, como no; cuando en realidad discriminamos a los indígenas.


Que las personas te señalen malamente por tu benevolencia altruista:
Así es, porque ya existen pocos que ayudan a los demás sin ninguna esperanza de recibir algo a cambio. Y si tú eres una de estas personas, te felicito e ignora lo que digan los demás.


Que comprar banderas mexicanas es lo mejor, sin importar que vengan de China:
Es grave, puesto que debemos de impulsar la producción mexicana, pero creo que lo primero que te ofrecen es lo extranjero, ¡qué le vamos hacer!


Que tirar basura por la ventanilla del automóvil es más fácil cuando nos aguantamos el “cochino” que dirán de nosotros:
Es insoportable presenciarlo cuando eres tú la víctima, pues recuerdo que en un autobús una señora comía cacahuates, y las cáscaras insoportablemente las arrojaba por la ventana, pero todas me caían en la cabeza. Seamos limpios y educados.


Buena suerte mis lectores.
 Honestamente: MarioNote

sábado, 24 de julio de 2010

Me rasco con las dos manos

(En un lugar sobre lo terrenal)

  Leox: Sí, buenas noches ¿Hay alguien aquí? Soy a quien lo invitaron a la diatriba. (Se aprecia una leve exclamación)
  Leve exclamación: Pase y límpiece los pies por favor, al entrar verá una silla; siéntece allí y póngase cómodo.
(Leox entra con sutileza, se limpia los pies y se pone cómodo)
  Leox: Le importaría decirme con quién tengo el gusto.
  Leve exclamación: Soy el queso abominable.
  Leox: Me lo esperaba, ningún otro derivado de lácteo podría haberme hecho tan súbita invitación después de lo ocurrido en el 68. No dudes queso, todavía recuerdo tu fatal acción; Aunque me parece honorable tu invitación. ¡Habla queso!
  Queso abominable: Quiero poner a prueba tu percepción sobre tu mundo.
  Leox: Nuestro mundo.
  Queso abominable: Tuyo, mío, nuestro; vaya me parece una excelente apreciación de tu parte, una expresión posesiva para tomar mi libertad. Es nuestro, qué no
  Leox: Vamos queso, que no se te suba el suero; eso no fue lo que quise expresar sino, dar a entender que es aquí donde vivimos y es nuestro único hogar. ¡Único!
  Queso abominable: Ja ja (risa malévola) ¿Ahora tú eres el metafórico? Déjate de sandeces, qué ideas las tuyas de queres ayudar; eres tan superfluo y mira que te lo dice un queso.
  Leox: Lo trivial está de más, todos somos triviales por nuestra propia existencia, sin embargo la acción hace la diferencia. En lo mínimo la conciencia sobre la mano.
  Queso abominable: Explícate, no me vengas con retórica.
  Leox: Hablo de pequeñas acciones. Nosotros las personas tenemos la capacidad para rascarnos la nariz, pero no la suficiente inteligencia para diferenciar entre tirar "la basura" en un bote o en nuestra tina de baño, sólo abrimos la mano con ineptitud y cerramos los ojos ante la realidad. Mi orangután es más pulcro que nosotros y eso que se rasca el trasero con ambas manos antes de comer.
  Queso abominable: Mencionaste inteligencia, ¿Qué no halábamos sobre cultura?
  Leox: ¿Cultura? Mi exitencialidad quisiera que así fuera. Dime, te invito a que barras tu casa para que se vea mejor ¿Qué flojera no? Y ¿ Si te pago? Nada tonto ¿Verdad? Con dinero baila el tejón y ahora ¿Tú me quieres hablar sobre inteligencia y cultura? No me vengas con patrañas que una panela sabe mejor que tú. La humanidad sabe lo que debe de hacer; somos concientes de nuestros actos.
  Queso abominable: Vaya vocabulario el tuyo, a leguas se ve que no te educaron con cultura.

Se preguntará usted de dónde surgieron las convencionales letras anteriores.

Lugar: Armería. Dentro de una camioneta en el asiento de atrás.

Inédito: (Apunto de tirara un vaso desechable por la ventana de la camioneta)
oh! Hey Joel ya no estás en ese grupo ecológico ¿verdad? Ya no te enojas si tiro el vaso.
Joel: (Estupefacto)

Omitiré la respuesta que di por respeto al público cuerdo. Ahora si me disculpan iré a prepararme una quesadilla.
Con su permiso.


Leox