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jueves, 24 de julio de 2014

La sumisión de lo íntimo frente a la institución

por Mario Note Valencia


Los alcances de la hegemonía comprenden lo público y lo privado. Estas revelaciones suceden en las tensiones cotidianas frente a una institución legitimada y legitimadora de los esfuerzos de dominación. Uno de estos rasgos en la idiosincrasia mexicana, al menos, es el desdoblamiento del individuo frente a la forma hegemónica de algún sujeto que suponga una posición o lugar alto en instituciones.

Lo que el individuo arroja como excusa o explicación para alguna respuesta a su incumplimiento al pacto (con el que estuvo de acuerdo al ingresar a la institución) es, sobre todo, su vida privada real o ficticia. Porque incluso cuando es ficticia, persiste el hecho de que el individuo tenga que inventar una serie de eventos correspondidos para justificar su falta.

Muchas veces desbaratar de esta manera lo íntimo frente al orbe público no sirve de nada. Nuestra cultura nos ha enseñado que cuando se llega tarde a la escuela o al trabajo debemos decir que fue por distintos efectos sociales reales (pero de igual manera íntimos): “no pasó el autobús a tiempo”, “hubo un choque en el camino”, “hubo tráfico” o “un familiar enfermó gravemente”. La institución, como se ve en su burocracia material, nunca ha estado para estas explicaciones.

miércoles, 16 de julio de 2014

Institución e instalaciones: el alcance de las ideologías

por Mario Note Valencia


¿Por qué no aceptamos las instalaciones materiales de cierta institución o sujeto mediador legitimado por ésta? Aceptar la invitación de una institución legitimada para sus esfuerzos de dominación y abarcamiento inadecuado, como elemento de crecimiento de su capital a través de ideologías comunes, implicaría algo más que una claudicación simbólica de ideales propios, más que un corrompimiento  de la autenticidad.

Lo que se hace, al aceptar un devenir material de este tipo de instalaciones, es legitimar su alcance de dominio. Dado que si se tratara de una minoría radical, la institución no legitima esta minoría, sino a la inversa; incluso, si la institución provee las herramientas para la expresión de lo radical, lo que hace es legitimar su acción “incluyente”, “protector” y, por supuesto, de dominación.

Si la hegemonía expresa y dirige sus esfuerzos a través de las herramientas materiales de su propiedad, su dominación en espacios para la “libre cultura”, para la expresión supuesta disonante, involucrarse entonces con alguno de sus materiales implicaría una alienación hacia la institución. Valores propios y esfuerzos auténticos se verían atrofiados porque a través de su consumación, se pone en un cristal que funciona como filtro.

La actividad cultural queda secundada. Esto es peligroso por el grado de tentativa que representa un vaso de agua en medio del desierto, pero cuya agua es salada. El grupo radical ni siquiera pasaría más allá de una nostalgia si acaso se vanagloria con su vinculación con la hegemonía ya de por sí inadecuada. 

jueves, 26 de junio de 2014

Acerca de por qué, en realidad, lo cotidiano no es bueno

por Mario Note Valencia


 ¿Por qué lo cotidiano ya no es realmente bueno? Esta es una de las preguntas que hace tiempo me hice sin tener que responderla con atropellos, y ni siquiera sin tener criterio al formulármela. Hoy, por ejemplo, sería inadecuado decir “bueno” o “malo”. ¿Por qué, entonces, lo cotidiano ya no es adecuado? Creo que no es que en algún momento deje de ser adecuado sino que implica un estacionamiento de una conciencia cultural, de “responder” a la dinámica social de manera pasiva. Hace tiempo también comentaba, a vecinos de mi edad y de la misma ciudad, que si querían saber qué era “cultura” tendríamos que ver que la cultura de nuestra Ciudad era definida por todos los elementos perceptibles de ella. Así empezamos a aceptar y reinterpretar la realidad. Aunque fuimos sinceros: desde ese grado de aceptación, ya tomábamos conciencia de elementos culturales que, por su introducción violenta a nuestras vidas, deseábamos poder cambiar (como los campos deportivos generadores de ruido y problemas impredecibles entre sujetos). Ahora entendemos que esa cultura era descrita como el escenario de conflictos ideológicos, aunado a la decadencia de los valores de una hegemonía. La cultura experimentada quizá sólo a través de lo cotidiano se revela en su estadio decadente: si lo cotidiano es poner conciencia sobre la cultura (decadente), deberíamos desprendernos.