martes, 29 de abril de 2014

¿Qué es experiencia?

por Mario Note Valencia

Interpretación de "El Judío Errante" por Andrea Posada

La experiencia nos ha sabido mostrar que experiencia implica un desvío de lo ordinario. Tener experiencia es decir que se ha arriesgado y que esa tensión con el riesgo ha derivado en conocimiento vital. Este tipo de experiencia se diferencia de su vitalidad con los conocimientos inmediatos que permiten la supervivencia; así como hay deseos profundos y diversos (los motivadores, los que nos mueven a un fin, secreto o público), hay deseos neutros que son los que corresponden a la pulsión natural, por ejemplo, de comer. Existen distintos e innumerables campos abarcables en la vida y cada uno ofrece experiencia al momento de sumergirse en ellos.

sábado, 8 de marzo de 2014

Feminismo, género y cultura

por Mario Note Valencia


El término feminismo es utilizado por primera vez en Francia durante el siglo XIX por Hubertine Auclert; sin embargo, las acciones anteceden a la abstracción del término, pues en 1791 Olimpia de Gouges presenta la “Declaración de los derechos de la mujer”, en respuesta de que para la Revolución Francesa se decretaron los derechos humanos en los que se abolía la esclavitud y, entre otras cosas, la posición de la mujer, sin ser explícito, quedaba anónima. A la par de Olimpia de Gouges, en 1792 la inglesa Mary Wallstonecraft aporta a la comprensión de la causa. Tiempo después, en 1848, se lleva a cabo una declaración en Séneca Falls, Nueva York.

El interés actuante del feminismo recae en volver a construir la historia de las mujeres, al mismo tiempo que hace evidente cómo los sistemas de sexo-género son una red de prácticas culturales que estructuran cómo funcionan las sociedades, provocando así maneras de discriminación y exclusión. De este modo salen a relucir los detalles cotidianos en los que se reproduce como elemento natural la marginación del ser de la mujer; de hecho, una de las abreviaturas masculinas que ha sobrepuesto el hombre con respecto a la mujer es la naturaleza biológica, de modo que (ejemplificando) la mujer es sedentaria, educadora y débil por naturaleza, y salirse de esos parámetros significaría actos instintivos. Por supuesto, el sentido humano nos reprocha esta aseveración.

¿Por qué hacer una revisión de los roles de género? El género es un constructo social en el que se determinan, culturalmente, roles de actividad; en el caso de hombres y mujeres cada rol puede estar bien delimitado por valores en esferas de la acción pública, es decir, dependen de la cultura y su contexto. Los estudios de género específicamente se encargan de preguntarse y dar respuesta sobre los hechos de la sociedad en los que se mueven estos valores supuestos, por ejemplo en la política o en el campo de trabajo. El feminismo hace una revisión crítica en estos puntos.

Hay que mencionar que la cultura ha reproducido lo que se supone arraigado al germen de la vida en sociedad; pero estos supuestos, sin duda, no han convenido a la historia en cuanto a que ha desplazado roles de género. De ese modo comprendemos el análisis crítico del feminismo, en cuanto a que, con suma conciencia reflexiva describe los detalles cotidianos que (por cotidianos) se han pasado por comunes o naturales. En “Ejes de la territorialidad patriarcal” Lucía Guerra (1995) expone de manera oportuna cuáles son estos ejes que tomaron territorio durante mucho tiempo y cuya base era tener en el centro al género masculino.

El eje masculino, como señala Lucía Guerra, despliega una serie de connotaciones culturales en medio de la ambivalencia del ‘bien’ y del ‘mal’, pues antes de mantenerlo como un problema metafísico del acto en la sociedad, aterriza en la corporeidad donde el lado derecho es bueno y el izquierdo es maligno; así fue como simbolizaron, desde épocas precolonistas, las oposiciones, sólo que el eje patriarcal se ubicó y desarrolló su lucha en lo ‘derecho’, como lucha del bien, sublime y heroica. Lo opuesto, que era lo supuesto débil de los hombres, fueron impregnadas (con voluntad masculina, por supuesto) a los roles de la mujer. De este modo, la simbolización de la cultura revive y hace funcionar ideologías en todos los quehaceres humanos, tanto en el hogar como en el trabajo.

Una de las fuentes más importantes de la cultura sin duda es la literatura oral, escrita y pictórica. En ella, a través de su discurso, entendemos un aspecto del contexto en el que emerge, ya sea por ser retrato fiel o por contraponer valores. Analicemos la siguiente imagen, al mismo tiempo que ponemos en nuestra mente obras de arte emblemáticas que nos hablan de su discurso a partir de estos ejes:


La cultura occidental se ha encargado de que los seres humanos soñemos con las divergencias de la naturaleza atribuidas siempre a los roles de género, sin que tengamos que hacer reflexión al respecto; por ser parte de nuestros sueños, lo consideramos natural. Por ejemplo, el sol y la luna, como cada una de sus cualidades, son progenitores de los sueños más profundos y que, sin embargo, reproducen la visión patriarcal, o como diremos ahora: falogocéntrica. El sol es para los héroes, los dioses, la conciencia, la claridad, la pasión, lo generoso; la luna es lo siniestro, lo oculto y secreto, es ‘femenina’ por su relación con la fertilidad y la tierra, lo inamovible, lo inconsciente. La declaración falocéntrica engendró esta visión en la cual el hombre es el centro y la mujer complemento.

Para hablar de una explicación sobre cómo se dieron estos sistemas de simbolización, hablaremos de la idea colonizante del Otro. Colonizar al Otro es y fue contraponer, de acuerdo con Lucía Guerra, los valores negativos de quien coloniza sobre el colonizado. Si el hombre coloniza, la mujer, por lo tanto, es lo negativo, lo que no puede ser el colonizador; de este precepto se explica por qué la mujer era primero habitación del deseo, de lo maternal, lo angelical, y por qué se reproduce en el arte, como la pintura, en posturas exclusivas para la mirada masculina. La idea colonizante falocéntrica proyecta en la mujer lo deseado y lo temido.

Ejemplos sobre el campo de acción del feminismo podríamos apuntar sobre el rol del amor que vemos en Diccionario para ociosos de Joan Fuster. Ahí, el escritor apunta sobre las ideas acerca del amor hechas por el hombre y que el feminismo puede deshebrar:

Lo importante [del feminismo] no es que las mujeres voten –cosa que para las “sufragistas” constituía el ideal de la plenitud social de su sexo–: lo importante es que, hoy, la mujer se ha desprendido de muchas sujeciones, legales o no, y se enfrenta al hombre en un tuteo perfectamente equilibrado. La igualdad es, en estos momentos, relativamente tangible entre hombres y mujeres. Y es en este punto donde el “amor” empieza a ser imposible. Porque el “amor” –“cortés”, “romántico” – presuponía el marginalismo de la mujer. La “enamorada” ama, puede amar o no, su amor –su decisión amatoria– es decisivo: pero siempre y  solamente en cuanto sea solicitado por el “amor” del hombre, del macho (1979, p.16).

Joan Fuster condena la tradición occidental que ha proliferado en ideologías sobre el amor, cuestión de siglos y de clases dominantes. En los reproductores de esta desigualdad amorosa ubica primero a los poetas de cada época, más a los del romanticismo, luego, ya en la actualidad, a las películas cuyo discurso se propaga entre la sociedad. Al mismo tiempo Fuster reconoce que la mujer siempre ha sido la adorada y reverenciada, pero que dicha apropiación ha conseguido una mixtificación acerca de la mujer.

La cultura es efímera. Nuestro aporte crítico consiste en reconocer los procesos de simbolización y la revaloración de los objetos cotidianos, en nombrarlos con su propia razón de existencia y luego adecuarlos a nuestra experiencia cotidiana. Desde ahora, ningún símbolo de “bueno” y “malo” puede pasar de manera ingenua ante nosotros. No se trata de arrancar las cosas de tajo, sin embargo. Nuestro objetivo vital es promover la comprensión de la cultura y la convivencia adecuada con el Otro. Buena suerte en su empresa.

Bibliografía  recomendada:
  •         Conway, Jill K.; Bourque, Susan C.; y Scott, Joan W. (1997). “El concepto de género”. En El Género: La construcción cultural de la diferencia sexual (pp. 21-33). México: PUEG
  •        Fuster, Joan (1970). “Amor”. En Diccionario para ociosos (pp. 11-18). España: Ediciones Península
  •         Guerra, Lucía (1995). “Ejes de la territorialidad patriarcal”. En La mujer fragmentada: historia de un signo. México: Cuarto Propio
  •         Gutiérrez Estupiñán, Raquel (2004). “Literatura, teoría y crítica feministas”. En Una introducción a la teoría literaria feminista (pp. 59-74). México: Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades – Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

miércoles, 5 de marzo de 2014

Octavio Paz: la poesía es ritmo, imagen y sentido

por Mario Note Valencia


Dice Octavio Paz en El arco y la lira que la primera acción del ser humano fue buscar la relación natural del nombre con el objeto que representaba; se trata de una necesidad innata: nombrar la realidad desconocida y servirse de las palabras para ello. Pero las palabras son más que simples formas de expresión, pues van cargando, como Atlas, todo un mundo cultural: convención y funcionalidad proyectada.

Sin embargo, muy curiosamente, hace notar Paz que el lenguaje se ha llenado de «imágenes y de formas verbales rítmicas» (p. 34) que nos hace pensar en su naturaleza poética; el poeta utiliza la palabra para fraguar sus poemas, poemas que tienen su propia razón de ser. El poema es una entidad autosuficiente, un círculo en el que las imágenes del poeta se recrean una y otra vez, por eso la creación poética tiene su lógica, porque es un mundo único capaz de re-crearse cada vez que sea leído.

El poema se funda, como dice Paz, bajo tres imperativos ineludibles: ritmo, imagen y sentido. El ritmo es la cadencia sonora en la que se tensa el lenguaje y se transcribe lo inefable, pues «es un tartamudeo que lo dice todo sin decir nada, ardiente repetición de un pobre sonido: ritmo puro» (p. 90). La imagen, por su parte, es la representación de la frase poética, el significado contenido en recursos estilísticos (metáforas, prosopopeyas, antítesis, etc.) que dicen una realidad de la obra sin apegarse a la realidad externa del lector.

Se dice entonces que en las imágenes hay ritmo, y en éstas un sentido. El sentido es el significado de la frase poética, la explicación de la imagen; imagen y sentido no pueden vivir separados. Según Octavio Paz las imágenes no nos envían fuera del texto, en cambio, nos llevan a confrontarnos con la realidad del poema.

* * *

A todo esto, pienso que los seres humanos buscan cierta simpatía con la poesía, quizá, porque gracias a ella pueden decir lo indecible. Me acuerdo del imperativo de Ludwig Wittgenstein cuando dice que el lenguaje es por sí solo una jaula, un límite; sin embargo, el lenguaje de la poesía es plural y siempre, como toda buena obra literaria, insiste en la diversidad de interpretaciones. El poeta tiene el compromiso de verter en sus versos el lenguaje de la sociedad, ese lenguaje codificado por la cultura. Y mientras esto sucede, otros más buscan también las palabras, ya filósofos, literatos u oradores; sólo el poeta sabe que las palabras siempre estuvieron dentro de él, pues no las escoge, sino que responde a las palabras según ellas manden; también es como si las palabras buscaran al poeta, y éste, la única salvación que tiene es convertirse en servidor de ellas.

El poeta es, creemos, vocero del lenguaje. Las palabras que revela provienen de un lenguaje vivo, porque simplemente no puede utilizar otras palabras que no existan dentro de su comunidad; el poeta puede sublimar el hablar ordinario, le da un tinte personal, sin tener que apuntar o dirigir las palabras a determinados destinatarios, ya que «la palabra es grito lanzado al vacío: se prescinde del interlocutor» (Paz, p. 47). Quiero por último hacer reflexión sobre el poder que tienen las palabras ocultas y que al inmiscuirse en la conciencia se produce la chispa de poesía; la poesía es la reafirmación del ser humano.
           

Sobre la obra citada, legible edición:
Paz, Octavio (2005). El arco y la lira. México: FCE

miércoles, 26 de febrero de 2014

Ciudades subterráneas

por Montse Jiménez


No hace falta ir al otro lado del mundo para contemplar una. Aunque efímeras, emergen a la superficie todos los días, a cualquier hora y en cualquier lugar. Mientras esperas el autobús, o incluso camino a casa, puedes jugar a descubrirlas. En tu cuarto puede brotar una sin previo aviso; también en la cocina.

En épocas de lluvia su enemigo mortal se esconde, ellas salen por todas partes. No sólo se pueden apreciar más nítidas, sino que posan por un tiempo más prolongado, más hermosas que nunca. Este fenómeno sólo ocurre en esa época. A pesar de esto, sus intentos por ser vistas fracasan, las personas huyen de ellas, no quieren ni voltear a verlas, por alguna razón les tienen mucho miedo, o asco, o las dos cosas.

Los pequeños niños sí voltean a verlas, juegan mucho con ellas, es motivo de alegría y satisfacción poder ver una. A veces eligen la más grande para poder adentrarse mejor y tener por dónde andar, sin embargo no del modo que ellas esperan. Sus pequeños piececitos las aplastan una, otra y otra vez hasta que sus madres, enojadas, los regañan por jugar de ese modo tan brusco (aunque muchas veces continúa la tortura hasta el aburrimiento), entonces la mujer las restriega una, dos, tres veces y derrumbarlas por completo. Es por esto que están en peligro de contemplación.

Cuando tengas el placer de encontrarte con una, trata de identificar a la persona que habita ahí, que te mira curiosa, obsérvala lo mejor que puedas, porque no sabes cuándo decidan sucumbir ante nuestra civilización tan agitada, dejando sólo los restos de lo que alguna vez fue una ciudad subterránea.

martes, 18 de febrero de 2014

Recorrido fértil

por Rafael Frank


Sobre la superficie inquieta del café, puede verse el reflejo del luto, el vapor tenue que no se altera cuando el efecto luminoso reposa sobre él. El sonido del jazz inunda desde su resplandor, como luz atravesando un ágil humo morado, entre cada intervalo de nudos y volutas nos comenzamos a rodear de plasma. La melodía colisiona en las paredes, el efecto reparte las notas, caen al suelo, impregnan las suelas de los zapatos que caminan en este concierto, los espectadores reparten el polvo de la música por las aceras y cruceros, allí dejan esporas para los automóviles, la ciudad se tambalea en campanadas, el viento es el encargado de remover el sonido y volatilizarlo.

En la noche el rocío asignará a cada roca una melodía. Durante el frío más oscuro, entra el jazz por las ventanas, se deposita con calma en los pulmones, los ronquidos ahora están en los saxos barítonos, en las exhalaciones el saxo alto se apodera de la primera voz y de los insomnios, la disonancia es neblina matutina.

Por unas horas los pasos del jazz están cubiertos por la capa espesa. La niebla es humedad, el rocío es humedad, el vapor es humedad, una masa de punteos en la visión de quienes permanecieron velando la noche y anhelan los sueños. En el amanecer descansan los restos mojados del jazz, y en otras curvas del mundo, el sol nos entrega su óptica rojiza, dedicados a los primeros tintineos de las recientes pupilas encandiladas. La liturgia árabe entra en el cenit, los últimos vestigios húmedos del jazz se conectan con el vapor que explora las superficies inmutables del café. La música comienza, nueva.

jueves, 16 de enero de 2014

Orilla de la garcita verde

por Mario Note Valencia


Esta ave vuela breve en las oquedades superficiales de los cerros, uno tras otro, siempre hay dónde sucumbe en blandos espacios de árboles. La primera condición es que aquí haya lagunas o esteros. La garcita verde encuentra al raso del agua ese diálogo de ondas que hace, como en los labios, aparecer la palabra.

A pesar de su nombre, la garcita verde es de colores variados. El plumaje es verde al oriente y de occidente es azul, la topografía de su plumaje también torna con el sobrevuelo calmo y el surco sobre el agua. El viento corta con su pico y lo despliega.

Esta ave es una brújula, astrolabio de nidos, para la hembra. Este ser voladizo de cóbanos y tamarindillos, arroja pedacitos de comida silvestre al agua para atraer a los peces pequeños.

*
La filigrana del andar solitario
(los zanates prefieren espacios urbanos)

La esencia de las brújulas es que no andan en grupo, de bolso en bolso sí entre los exploradores humanos, pero nunca en grupo, excepto en las tiendas donde se les consigue. Y como una brújula, la garcita verde está asociada con la soledad, después de que empluman lo suficiente y parten del nido.

Es un ave solitaria, diurna y nocturna, ribera del agua. Denostada por el rifle de los cazadores, pero apreciada por los cabañeros porque, como algunas plantas, suponen su función de ornato. Honestamente. 

martes, 17 de diciembre de 2013

Luces brillantes

por Montse Jiménez


Luces brillantes, pupilas contraídas. Avanzas por la acera que parece no tener fin. Los edificios se levantan ante ti como olas en el mar, danzan. Danzan al ritmo de las bocinas furiosas y las voces aguardentosas de los transeúntes que creen tener prisa. Pies por aquí, allá. Ojos vacilantes, miradas vacías.

Ahora mismo desearías estar en otra parte. Lejos, muy lejos. Pero no puedes. Tal vez sea el humo seduciendo tu rostro o las gotas de lluvia resbalando por tu cuerpo lo que te hace retroceder. El viento revoloteando tu cabello. Tu cabello.

Lentamente recorres las calles. El vaivén de los autos escasea a medida que la Oscuridad avanza. Entonces te das cuenta. Se posa ante ti. Tan rumiante, tan desnuda, tan tuya. Cuántos pasos construyen sus caminos. Cuántos secretos construyen sus muros.

Con los pies descalzos, y visiblemente cansado, sigues la delgada línea que dibuja el horizonte. Esperando, entonces, volver a ver las luces de esta ciudad.

sábado, 14 de diciembre de 2013

La evocación y permanencia en el íncipit de una novela

por Mario Note Valencia


La construcción de los lugares tiene mucho que ver con el sentido de la permanencia; a veces, la necesidad de permanencia desemboca en el acto de nombrar. El sentido evocador de las grandes y pequeñas cosas tiene la suficiente voluntad de memoria (con su follaje natural) para traer al presente hechos significativos. A más de uno le ha pasado que cierra el día con el nombre.

La primera línea de la novela Dichosos como una piedra de Avelino Gómez es decisiva: “Decidí ir a Tonaya por motivos más o menos terapéuticos: por aquellos días el mundo no me quería y yo tampoco a él”. En este caso, el narrador desplaza los hechos de la memoria, como en un rompecabezas, como si le importara más llevar a la superficie las imágenes del pasado que incumben al hecho de ir a Tonaya, un Festival de Poesía. El motivo de asistencia permea a Tonaya, abre la auténtica narración de esta historia. En cambio, el narrador no dice “Decidí ir a un Festival de Poesía en Tonaya…”, y se entiende. ¿Acaso los lugares no son configurados, en primera instancia, por el recuerdo que tenemos de ellos? Es Tonaya y las coordenadas sensibles de la historia; es Tonaya y la tensión entre la experiencia vital y la literatura (no menos vital, por cierto); es Tonaya y el desdoblamiento de Avelino Gómez para desprender del mundo la permanencia de los lugares.

En la agradable edición gráfica, visual, que el consejo editorial de la Universidad Autónoma del Estado de México realizó para Dichosos como una piedra, aparece en la contraportada un comentario de Pablo A. Galerna en la que afirma cómo Avelino, desde su estancia en Argentina, escribió esta novela. El comentario, sin duda, no nos habla del argumento de la novela, pero sí mucho de las evidencias textuales que abogan por la correspondencia, otra vez, entre la literatura y la experiencia vital. ¿Cómo, desde el extranjero, Avelino fue habitado por la configuración memorial de Jalisco y Colima?

No en mucho tiempo Avelino Gómez contará con una línea en su biografía que mencione este efecto; quiero decir, del escritor habitado por los lugares. En la escena de la literatura nacional persisten los escritores que, sin forzar el acto, encuentran en los espacios, los auténticos lugares, el sentido de permanencia; se sabe que hay a quienes les parece que las ciudades metropolitanas no terminan de construirse, hay a quienes fuera de México reciben el espasmo del recuerdo y les trabaja la literatura. Hay que mirar hacia ellos, hay que mirar hacia quienes, sin ser cronistas, abordan los espacios de las ciudades, las provincias, y con el acto de narrar nos dicen más que los fotógrafos fanáticos o sociólogos de ciudades invisibles.

La convocatoria que hace el narrador acerca de Tonaya está desprovista, sin duda, de estos vicios de nombrar por dolencia espacial o voyerista. En el acto de nombrar encontramos el sentido auténtico de la evocación, de convocar a los objetos del mundo. Es la presencia de la literatura, en tanto su correspondencia con la experiencia vital la que, por cierto, deja der ser afortunadamente cada vez menos cotidiana. Desde La Cultura Efímera abogo, sobre todo, por la permanencia de esta literatura.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Cómo empieza un Cervantino

por Cristina Gaona


30 de abril de 1967. Un fraude electoral, conflictos por el petróleo, masacres en el norte y hambre fueron los motivos para que, después de un golpe de estado y varias batallas, Odumegwu Ojukwu anunciara en el parlamento la secesión de la región del sudeste de Nigeria, proclamando la República de Biafra como estado independiente. Dos meses y seis días después, Nigeria dio comienzo a las maniobras bélicas para recuperar el territorio de Biafra, lo que daría inicio a la Guerra Civil de Nigeria. El 19 de mayo de 1968 los nigerianos lograrían un importante avance sobre el territorio biafreño, lo que les daría la oportunidad de realizar sobre el nuevo estado independiente un cerco no solo territorial, sino político y económico, un cerco que acentuaría la sed, el hambre, las infecciones, las llagas, la pus. Las fotografías de niños esqueléticos con vientres inflamados comenzaron a difundirse por todo el mundo. La ayuda humanitaria comenzó a llegar, pero el afán de neutralidad hizo mella en las posibilidades de intervención internacional: nadie quería ser responsable de asumir ninguna postura. Y así, durante tres años, un millón y medio de vidas se perdieron en medio de la masacre y la inanición provocadas por Nigeria, hasta que Biafra bajó las manos y se rindió ante la expectación del público internacional. Publico que no dejaba de condenar la miseria en África sin atreverse a hacer algo por impedir o menguar el sufrimiento.

Miércoles 9 de octubre de 2013. El Festival Internacional Cervantino (FIC) es el evento más esperado del año en Guanajuato. Lo es, ya sea porque se disfrute o porque se sabe de las incomodidades que trae consigo y que hay que tomar precauciones al respecto.

El FIC da inicio con una larga fila que comienza en el acceso a la Explanada de la Alhóndiga en la calle 28 de septiembre, da vuelta por la calle Mendizábal y llega hasta la avenida Juárez. La cercanía que se puede tener al escenario es proporcional a la hora en que llegue uno a formarse. Formarse a las 4 de la tarde y mantenerse tres horas y media en la fila prácticamente garantiza uno de los mejores lugares gratuitos que se pueden obtener.

Después de esta larga fila, de gente que logra conseguir un lugar en ella y horas de espera, comienza el acceso regulado por policías que buscan armas e indican dónde debe uno sentarse. Después, es sólo esperar más hasta que una voz al micrófono anuncia la tercera llamada para dar comienzo al primer espectáculo del 41 Festival Internacional Cervantino. Justo cuando los últimos rayos del sol se vislumbraban en el horizonte, Rubén Rada y sus siete músicos aparecen sobre el escenario, provocando los aplausos y los gritos del público. Acorde con la temática del FIC de este año sobre la violencia, la primera canción interpretada dentro de marco del festival fue “Biafra”, cuya letra llama la atención a la humanidad sobre su indiferencia a los conflictos sociales, específicamente a la desaparición de Biafra, país africano que solo existió como tal tres conflictivos años .

Así comienza la catarsis del hombre moderno, de los Guanajuatenses y los turistas de la ciudad que buscan en el arte el alivio o el olvido. Porque es innegable que quienes acuden a los eventos culturales buscan una satisfacción que la vida común y la rutina no ofrecen, una satisfacción que sólo el arte puede proporcionar. Rubén Rada hizo latir los corazones de la Alhóndiga con su música, uniéndose así a la cadena de importación del candombe, ritmo africano que nació en Agola y que se convirtió, durante muchos años, en el medio de comunicación entre los africanos que fueron llevados a Montevideo con el fin de ser esclavos. Durante la época colonial, dichos esclavos encontraron en este ritmo el medio de conexión con su tierra y con su espíritu. A través del candombe sobrevivió su identidad, víctima de la represión y avasallamiento del que eran objeto, hasta que su música, antes ceremonial, se convirtió en parte de la identidad de Uruguay. Así, los asistentes de la Inauguración del FIC se convirtieron en el último eslabón de esta cadena que comenzó con la solemnidad de los ritos religiosos africanos, continúo con un medio de sobrevivencia al dolor, luego con un  Patrimonio Cultural Intangible declarado por la UNESCO y, al final, una actividad recreativa.

Rubén Rada logró interactuar con el público enseñándoles los coros de sus canciones e invitándolo a cantar con él. La gente no sólo fue espectadora, sino que se convirtió en parte del concierto con sus aplausos, silbidos y gritos, que fueron integrándose a los instrumentos de la banda.

En pleno apogeo de la fiesta, los juegos pirotécnicos amenizaron la celebración llenando de colores el cielo y provocando el éxtasis sensorial de los presentes que luchaban por mantener el equilibrio y observar la pirotecnia sobre las barras metálicas de las gradas.  Y así, con este esplendoroso final, Rubén Rada se despidió de su apasionado público, de las personas que lo aceptaron y se aceptaron a través de sus canciones que llevan, en el fondo, la enseñanza de que el amor está en todas las formas y todas las situaciones.

Y como llegaron, las personas se fueron retirando en largas filas por las entradas de la Alhóndiga a sus respectivos destinos: beber, comer o dormir. Todas ellas sin imaginar que lo que oyeron, vieron y vivieron fue creado en medio de la miseria, de la tristeza y la tragedia. Así es el arte: un medio para sobrevivir, la catarsis del dolor. 

miércoles, 27 de noviembre de 2013

¡No me malinterpretes!

por Itzayana Delgadillo


¿Cuántos de nosotros no hemos tenido un problema a causa de los errores de interpretación a la hora de comunicarnos?

En lo particular, me siento muy identificada con este tema y sé que mucha gente a mi alrededor se ha visto envuelta en problemas de este tipo, pero ¿por qué sucede esto? Ya una vez mencioné que nuestra relación con el lenguaje de la palabra se ha ido perdiendo; esta vez quiero decir que también nuestra relación a través de cualquier tipo de lenguaje, toda forma de comunicación posible, se ha visto afectada.

Siempre he creído que no es lo que se dice, sino cómo se dice. Las palabras pueden malinterpretarse pero las acciones no; sin embargo, ahora me parece que exageramos ciertas cosas o tratamos de manipularlas para que se ajusten a nuestros intereses. Cuando dices algo y haces una mueca forzada, podría pensarse que estás siendo hipócrita ante tal o cual persona, o bien, al momento de entregar un escrito la gente añadirá a éste cierto tono, y si no es el adecuado, las cosas que dices empezarán a tomar otro sentido. Después vienen los problemas.

Considero que cuando lo que queremos transmitir a una persona es dicho por escrito (mensajes, correos, cartas, etc.) tenemos que ser muy cuidadosos con lo que decimos y sobre todo cómo lo decimos, pues hay ocasiones en las que hasta un “jaja” afecta el sentido del mensaje. La susceptibilidad de algunas personas puede verse dañada por nuestros comentarios.

Como mencioné antes, ya no sólo se malinterpretan las palabras, ahora también tenemos un problema con los gestos que se hacen al decir algo. Me parece que últimamente la gente está muy susceptible ante los comentarios de otras personas; no sé si esto sea sólo en mi entorno, pero la verdad es que hay momentos en los que esta situación me resulta incómoda, pues en ocasiones, las cosas que yo leo, veo u oigo, me resultan naturales, y a otras personas le parecen ofensivas sólo porque la persona que lo dijo añadió a su comentario algún gesto que al receptor no le agrado o quien leyó el mensaje le supuso un tono que no era; cosas así de sencillas. Yo estoy de acuerdo en que el cómo se digan las cosas sí afecta, los gestos son un factor muy importante en la comunicación; sin embargo, cuando ya hay conocimiento previo de las personas y son constantes en su forma de ser, me parece tonto que podamos malinterpretar sus gestos, aunque éstos sean despectivos. Al momento de escribir no es posible que vayamos por la vida malinterpretando hasta los “jaja”. Lo que quiero decir es que sí, sí afecta el cómo se dicen las cosas, pero que últimamente la susceptibilidad de las personas hace que la objetividad en la interpretación se pierda. Entonces ya no es el cómo se digan las cosas, sino el cómo interpretamos la manera en que nos las dicen. Al momento de escribir, de verdad considero necesario que seamos más críticos, así como al momento de leer. También es necesario ponernos un alto a la hora de interpretar lo que leemos.

Finalmente, lo que quiero decir es que sí, efectivamente tenemos que tener cuidado con el cómo decimos las cosas, pero también quiero decir que no hay que tomarse todo tan personal; hay personas que caminan haciendo mil y un gestos y eso no quiere decir que no seas de su agrado o que sea grosero contigo, así es su forma de ser. De la misma manera hay que poner atención con el tono que le imprimimos a nuestras palabras, pero también hay que tener  cuidado y, hasta cierto punto, respeto con el tono que le damos a las palabras de alguien más. Reincido en mi propuesta, hay que recuperar nuestra relación con el lenguaje, y a través del lenguaje ser atentos con el qué y cómo se dice, sin exagerar en esta materia. Estoy segura de que al hacer esto muchos problemas de malinterpretación se reducirán sustancialmente.