Hay que pensar en el
retorno. ¿Qué tan común es la necesidad del regreso? Basta con mirar a cada uno
de nuestros vecinos, a los ojos y con los pies en la tierra, para reconocer ese
mismo sentimiento que consiste en la necesidad del retorno. Ese regreso tiene
la imagen del hogar, de nuestros aposentos, del cuarto, la habitación, del
catre, la cama matrimonial, del sofá, de nuestros párpados sosteniendo la densa
oscuridad que aparece cuando disminuyen las luminarias artificiales.
Después de un día
agotador, la imagen de la cama nos hala como diciendo “me perteneces”. A veces
uno evita complacer a ese mueble, y continúa; otras nada más tratamos de no
llegar a la habitación para no tener que ver ese lugar que da auspicio merecido al
sueño. Pero el cansancio es mucho y en cualquier silla, sobre casi cualquier
condición ambiental, reposamos (como diría García Márquez) los ojos.
Honestamente:
Mario Note Valencia
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