lunes, 1 de julio de 2013

Sobre la estimulación de la ciudad (1ª impresión)

 por Mario Note Valencia


En un breve pasaje literario, leí lo que alguien más ha reflexionado: las personas estimulan la arquitectura de la ciudad. Si es así, podemos ver cómo los transeúntes locales se desplazan con naturaleza, con sobre-entendimientos en los eventos más inesperados que pueden ofrecer las avenidas, o los pequeños flujos de transporte de las calles aledañas.

La ciudad es motivada. La estimulación le llega en un primer plano de la conveniencia de quienes la habitan. Para qué los jardines, para qué las plazas y sus quioscos, las fuentes, escalinatas y camellones, adustos algunas veces. Si hay calle, hay camino, así como hay quién camine por él.

La arquitectura del domicilio, de la casa, es motivada también por quienes viven allí; en otras ocasiones, esta medida de conveniencia parece no ajustarse, como es el problema del espacio privado en viviendas pequeñas. Si las paredes se movieran, seguramente ensancharían su simetría si no fuera porque choca con otras paredes que también, sofocadas, desalojan el eco de los apretados.

Hay ciudades que son motivadas por los signos de extravío, por este peculiar signo particular de los peregrinos, los foráneos, que la visitan y la pueblan. Eso es, el peregrino que en su paso por las calles descubre la condición vitalicia de los días: cómo se vuelve un desierto la ciudad cuando es domingo por la tarde, y cómo el lunes, muy temprano, regresa la graciosa racha de individuos.

Personalmente, ¿cómo sería la ciudad de acuerdo a nuestros movimientos, motivaciones? Sería interesante saber cómo cada uno resuelve el diseño de la ciudad de acuerdo a su propia conveniencia y deseo.

sábado, 29 de junio de 2013

¿Qué es lo que quiere que le traiga de la tienda?

por Mario Note Valencia


Redacto desde un lugar favorable. Allá abajo respiran los transeúntes, y más allá, me han contado, se extingue el aire limpio. Apenas una conducta, una acción sobre los objetos más caros y útiles (los enajenados en el mundo touch and large screen, please, con luz de neón) acción, pues, fotosintética nos sigue arrojando a las penurias de la noche, que a uno le llegan, por las mañanas, en forma de diarios. El fósil cotidiano, que no se alcanza a ver desde las alturas, todavía me recuerda que la ventanilla del avión se parece tanto a la televisión que había en casa de la abuela, en la que, por cierto, permanecía uno en constante reivindicación con el mundo; era, sí, por cierto, un mundo curioso,  a veces amorfo, pero mundo al fin. Ahora llueve y, allá abajo, se ahogan –escucho que me dicen. En los grandes condominios no existen las tiendas ni otros formatos de encuentro común.

domingo, 23 de junio de 2013

Reflexiones de vida

por Juan Ernesto Corona Maldonado


El que no se adapta al cambio
simplemente no progresa y desaparece 

Que las victorias no se te suban a la cabeza, y que las derrotas no se te queden en el corazón: Cuando las personas comienzan a triunfar, a veces tienden a resaltar su ego. La persona deja de ser aquélla que era cuando no tenía nada, al mismo tiempo que olvida lo importante que es ser humilde con los demás y consigo mismo. Tal vez algún día vuelva a ser lo que era antes, y con ello valore lo importancia de la humildad. Por otro lado, hay ocasiones en que las personas no pueden tener éxito en lo que desean y se toman muy en serio las derrotas; en este caso, empiezan a decaer, en lugar de reflexionar sobre lo que hicieron mal y proponerse no cometerlos nuevamente, luchar por lo que es necesario y deseable hasta conseguirlo. Al final de cuentas, el sacrificio y desgaste será bien recompensado con el triunfo.


A veces se gana, a veces se pierde, pero siempre se aprende: Cuando la vida te pone pruebas, podrás acertar, y ello debe dejarte una experiencia que recordarás para volver a hacerlo bien. Por otro lado, cuando los errores aparecen y te equivocas, el resultado es diferente a la expectativa que tenías, aunque la enseñanza es mayor porque la próxima vez, en una situación parecida, sabrás qué hacer y qué no hacer para tener un buen desempeño; todo esto gracias a la experiencia que fuiste adquiriendo, al dejar de cometer ciertos errores para cometer otros nuevos. El objetivo es que entre más pruebas tengas, más rápido aprenderás de tus esfuerzos.

domingo, 16 de junio de 2013

Es un placer

por Montse Jiménez


Por las mañanas, muy temprano, se anuncia la llegada del pan recién hechecito. Los niños se preparan para ir a la escuela y los adultos al trabajo. El olor a café inunda los hogares.

En medio de la colonia se encuentra un jardín que, si bien deteriorado, todas las tardes incluso algunas nochesles roba un par de carcajadas de alegría a los niños.  También, muy cerca, se encuentra una de las Unidades Deportivas, donde cada cierto tiempo se realizan actividades entre los colonos para fomentar la sana convivencia.

Las anchas y solitarias calles permiten que las personas caminen libremente, iluminadas sólo por faroles situados a lo largo del camino. La temporada de lluvia es una de mis favoritas porque el olor a humedad y a tierra mojada se percibe hasta en el último rincón,  sintiéndose un ambiente agradable y tranquilo.

Pasar tan sólo un día en mi colonia es muy bonito; además, los vecinos son muy atentos. En el día sólo se escuchan los niños subiendo y bajando, en bicicleta y corriendo, las comadres cuchicheando afuera de sus casas, y por las noches, a lo lejos, se escucha el ladrar de los perros…

sábado, 8 de junio de 2013

Agotamiento de la humanidad (apuntes)


Primer paso: reconocer
La humanidad se encuentra a-go-ta-da. Se trata de un agotamiento prolongado, derivado de unos cuantos miles de años de progreso material y aparente madurez social; por ejemplo, la industrialización hace que el cuerpo humano parezca una caja de dimensiones volubles.

Posesión del tiempo vital
Somos partidarios del manejo, a nuestra voluntad, de los procesos cotidianos: encarnamos una especial esperanza para que determinados eventos transcurran lentos, aunque para llegar a ellos deseamos que el ambiente acelere su acervo natural de consecuencias. Deseamos, por ejemplo, una cura rápida para la enfermedad prolongada; otros no prefieren ninguna. ¿Será que prolongamos nuestra desaparición?

Prolongación de la muerte
La extinción natural del ser humano se prolonga, y eso también agota, cansa; naturalmente agobia saber que detrás de cada uno de nosotros hay una Historia que pisa nuestra sombra, monstruo inconmensurable a comparación de una sombra (la nuestra) que será nada cuando la historia cultural la consuma por completo y desaparezca, anónima.

Imposibilidad del conocimiento
Somos consumidores de información. El exceso de lucidez agobia y la nula presencia de ella mata. Somos consumidores a medias; insatisfechos. La terrible nostalgia embarga al individuo cuando comprende que el conocimiento es humanamente imposible de asir en su totalidad.

¿Qué hacer con el agotamiento?
Nada. Quiero decir nada que tengamos que rendir esfuerzos hacia ella. Para agotarse basta con poner un paso en el umbral de la experiencia cotidiana. 

por Mario Note Valencia

*Fotografía: hiperrealismo de Ron Mueck, próximamente estaremos hablando de esta curiosa manera de representar la realidad.

domingo, 5 de mayo de 2013

Premios Nobel de Literatura (1901-1930)



1901 - Sully Prudhomme – Francia
Poesía, Soledades (1869), La felicidad (1888)

1902 - Theodor Mommsen – Imperio Alemán
Historiador, filólogo, Historia de Roma (1854-6)

1903 - Bjørnstjerne Bjørnson – Noruega
Narrativa, lírica, drmaturgia, Poesías y cantos, novela Synnove Solbakken (1857)

1904 - Frédéric Mistral – Francia
Narrativa, Mireio (Mireya) (1859)

1904- José Echegaray – España
Dramaturgo, matemático,  El libro talonario (1874)

1905 - Henryk Sienkiewicz – Polonia
Epopeya moderna con A sangre y fuego (1884), La inundación (1886), y El señor Wolodyjowski (1888). Novela: Quo Vadis? (1896)

1906 - Giosuè Carducci – Italia
Poesía, Juvenilia (1856–1860)

1907 - Rudyard Kipling – Reino Unido
Narrativa, poesía, El libro de la selva, 1894, Gunga Din (1892)

1908 - Rudolf Christoph Eucken – Imperio Alemán
Filosofía, Der Sinn und Wert des Lebens (1908) (Sentido y valor de la vida)

1909 - Selma Lagerlöf – Suecia
Narrativa,  "La saga de Gösta Berling" (1891)

1910 - Paul von Heyse – Imperio Alemán
Poesía, dramaturgia, L'Arrabbiata (1855), Hijos del mundo (1873)

1911 - Maurice Maeterlinck – Bélgica
Dramaturgia, ensayo  El tesoro de los humildes (1896), La vida de las hormigas (1930), poesía Serres chaudes (1889)

1912 - Gerhart Hauptmann – Imperio Alemán
Dramaturgia Antes del amanecer (1889), poesía El loco en Cristo Emanuel Quint (1910)

1913 - Rabindranath Tagore – India
Poesía, filosofía, El hogar y el mundo y Gitanjali.

1914 – Sin entrega por la guerra

1915 - Romain Rolland – Francia
Drmaturgia El triunfo de la razón (1899), novela El alma encantada (1922-1934)

1916 - Verner von Heidenstam – Suecia
Poesía Años de peregrinaje y vagabundeo (1888)

1917 - Karl Adolph Gjellerup – Dinamarca
Dramaturgia, novela, El peregrino Kamanita, (1906)

1917 - Henrik Pontoppidan – Dinamarca
Novela El reino de los muertos, cinco tomos (1912-1916)

1918 – Sin entrega por la guerra

1919 - Carl Spitteler – Suiza
Poema épico Primavera olímpica (1900-5)

1920 - Knut Hamsun – Noruega
Escrito Markens Grøde  (Growth of the soil o La bendición de la Tierra) (1917)

1921 - Anatole France – Francia
Novela Los dioses tienen sed (1912)

1922 - Jacinto Benavente – España
Poesía, dramaturgia Los intereses creados (1907)

1923 - William Butler Yeats – Irlanda
Dramaturgia  El reloj de arena (1903), poesía La torre (1928)

1924 - Wladyslaw Reymont – Polonia
Novela  Los campesinos (1904-1909)

1925 - George Bernard Shaw – Irlanda
Dramaturgia  Casa de viudas (1892), ensayo The Black Girl in Search of God (1932)

1926 - Grazia Deledda – Italia
Narrativa En el azul (1890)

1927 - Henri Bergson – Francia
Filosofía Ensayo sobre los datos inmediatos de la conciencia (1889), Materia y memoria (1896)

1928 - Sigrid Undset – Noruega
Novela Las mujeres sabias (1918), ensayo Punto de vista de una mujer (1919).

1929 - Thomas Mann – Alemania
Narrativa Los Buddenbrook. Decadencia de una familia (1901), La montaña mágica (1924)

1930 - Sinclair Lewis – Estados Unidos
Narrativa  Calle Mayor (1920)

 Lista y relación de obras por
Mario Note Valencia


Referencia principal:
http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/

martes, 23 de abril de 2013

¿Dije "libro"?: cuestión de términos y ambientes

al 23 de abril de 2013
¿“Libro” u “obra literaria”?

Cada uno de estos dos nombres es funcional, siempre y cuando no comprometa demasiado al que lo pronuncia; por ejemplo, decir “pásame ese libro” sin duda persuade al interlocutor para que un objeto de determinadas características (en cuyo interior casi siempre hay algo impreso) llegue a manos del solicitante. Basta con reconocer a este objeto y nombrarlo: libro.


Hablar de una “obra” puede ser simplemente vago. Cualquier obra implica un acabado, y no precisamente artístico; cualquier acción dirigida del ser humano puede ser una obra. Pero si se especifica: “obra literaria”, entonces el campo de la obra se limita a toda creación que tenga que ver con la literatura (oral y escrita). La literatura se ha sostenido de los libros, y estos de la imprenta. ¡Cuánto se le debe a la imprenta!
En los lugares públicos hay que ser acordes al ambiente. Si entramos a una librería, preguntar por “libros”; si entramos a una “biblioteca especializada” preguntar por “obras literarias” (si acaso es literatura lo que buscamos). Sin embargo, no hay por qué ser puristas del lenguaje. En las bibliotecas y en cualquier parte estaría bien decir: “necesito tal o cual libro, ¿lo tienen?”.
Si es necesario ahondar en los términos, adelante. Cuando vayamos a dar una concreción al respecto, procuremos que el discurso deje ver que, aunque sea un asunto nimio, consideramos la sutil y gran diferencia que existe entre decir “libro” y “obra literaria”. La convención es, recordemos: libro; para la hondura reflexiva del significado, entonces conviene al uso del nombre compuesto: “obra literaria”.
Honestamente: Mario Note Valencia

viernes, 12 de abril de 2013

Sobre no estacionarse...

Un poema vano atribuido al riguroso, compadrito y arrabalero (en su debido tiempo), fantasma de Borges, detalla la imagen que vino, no hace mucho, a posarse en la redacción del equipo de Destellos. La referencia autoral es apócrifa; sin embargo, para efectos de esta presentación, no demeritaremos (por ahora) la introducción que, si no nos engañamos, dicta el siguiente pensamiento: “después de un tiempo, uno comprende la sutil diferencia entre sujetar una mano y encadenar un alma”.

Sobre el pasado
El invierno suele ser el tamiz perfecto para la nostalgia desatendida. Se echa redes al pasado y, cuando se quiere subir la pesca al bote, sólo aparecen cocodrilos enredados que halan siempre, casi siempre, hacia el fondo, muy al fondo. Allí se va otro año, otro otoño, con todo y sus augurales días de invierno, tiempo en el que seguramente se actúa bajo la infaltable y perniciosa disposición de comprender si la puerta de nuestra habitación permanece media abierta o media cerrada. Al final, nadie entra ni sale; el invierno, naturalmente, pasa.
Por si el lector de este Destellos gusta de prejuicios ceremoniosos (y pletóricos agüeros), se le advertirá que si sueña con un cementerio en el que un féretro es enterrado, no significa nada más que la necesidad que tiene usted, apreciable lector, por enterrar el pasado; pero sólo considere esto si gusta de confiar en la efectividad de las reproducciones oníricas. Nosotros hace poco soñamos, por ejemplo, que usted nos leía.
El cambio de estación, como la edad, apenas se siente. Sujetémonos del invierno, si se quiere, sin encadenar las potencias al pasado: ¿acaso el presente no es la actualización de los actos? La puerta puede estar media abierta o media cerrada, pero abierta al fin; se está a unos pasos de cruzar aquel umbral, y sentir los últimos vientos del invierno, presenciar el gradual desmoronamiento de los cuerpos y, sobre todo, percibir el aroma a primavera que despide un beso imaginado o la viva temperatura de una mano, al viento, correspondida.
Después del invierno, el calor primaveral. En las faldas del volcán se levantarán las plantas, y los árboles maltrechos, entre los caminos, alzarán por fin sus brazos de verdor altivo; habrá jardín para los jardineros. El equipo de Destellos se suma a esta serie de cambios primaverales, para que usted disfrute y evalúe las lecturas que en esta ocasión aparecen.** 

Honestamente: Mario Note Valencia


**Este texto se publicó como la presentación del suplemento de lengua y literatura "Destellos",  en su edición  de marzo 2013, Colima. 

domingo, 7 de abril de 2013

Para saltar: el retorno necesario

Hay que pensar en el retorno. ¿Qué tan común es la necesidad del regreso? Basta con mirar a cada uno de nuestros vecinos, a los ojos y con los pies en la tierra, para reconocer ese mismo sentimiento que consiste en la necesidad del retorno. Ese regreso tiene la imagen del hogar, de nuestros aposentos, del cuarto, la habitación, del catre, la cama matrimonial, del sofá, de nuestros párpados sosteniendo la densa oscuridad que aparece cuando disminuyen las luminarias artificiales.


Después de un día agotador, la imagen de la cama nos hala como diciendo “me perteneces”. A veces uno evita complacer a ese mueble, y continúa; otras nada más tratamos de no llegar a la habitación para no tener que ver ese lugar que da auspicio merecido al sueño. Pero el cansancio es mucho y en cualquier silla, sobre casi cualquier condición ambiental, reposamos (como diría García Márquez) los ojos.
Honestamente: 
Mario Note Valencia

jueves, 20 de diciembre de 2012

Bagatela verbal y profunda de las fiestas decembrinas


por Mario Note Valencia

En esta temporada, es muy común que personas comunes digan frases comunes como: “Que seas muy feliz”, “Pásatela en compañía con tu familia”, “Feliz navidad y próspero año nuevo”, etcétera, etcétera, etcétera… Pero hay una que me intriga bastante y que me costó varias noches sin poder dormir tranquilo. Es aquella frase que va incluida en todas las cartitas de presentación para la cena de navidad, o en la bolsa del gran regalo con adornos de velitas y esferas bien iluminadas: “Que todos tus sueños se hagan realidad”.

¡Qué terrible sería que todos los sueños se hicieran realidad! Ya me imagino las calles plagadas de pesadillas, la habitación tapizada de espantosos presentimientos o el sanitario con problemas de cañería.

Quizá uno exagere la interpretación de esta frase pero, se le busque por donde se le busque, de todas maneras esa sentencia aparentemente noble y bien intencionada carece de sustancia aprehensible. Hasta pronto mi lector efímero.


Éste es un cartel que me pareció adecuado poner 
como regalo visual de esta última redacción del año.