viernes, 13 de enero de 2017

De pollitos y mala leche

por José Calderón Mena

Cuando se tiene la afición por escribir y además la oportunidad de publicar lo escrito, se debe tener especial cuidado en no perjudicar a los personajes descritos en sus relatos, sobre todo si se les cita por sus nombres reales o en situaciones que puedan identificar con claridad. Debe desarrollarse un código de ética personal, aunque se sacrifique la autenticidad de los hechos.

En cierta ocasión, y hallándose reunidos un grupo de amigos, a Tita Casasús se le ocurrió contar una fantasía de su infancia: le gustaban mucho los pollitos y quiso saber cómo nacían; se lo preguntó a su padre y éste, con paciencia y tratando de que lo comprendiera una niña de cinco años, le explicó el proceso del empollamiento y el tiempo que los huevos requerían para eclosionar.

Tita puso manos a la obra: se dirigió a la alacena y tomó dos huevos, se puso su pijama y se acostó con los huevos entre las piernas dispuesta a no levantarse durante las tres semanas que esperaría, para tener dos hermosos pollitos en sus manos.

A los dos días, y después de un pegajoso accidente, se olvidó del asunto y no volvió a pensar en su fallido experimento, que además le había causado una severa reprimenda materna.

Entre los amigos que escuchaban atentos y divertidos la anécdota de Tita se encontraba el escritor Sergio Fernández, quien sin permiso ni autorización de por medio, retomó y comenzó a escribir la narración a partir del inicio de la intención de la protagonista, y la puso a empollar los huevos pacientemente hasta el término del nacimiento de los pollitos, detallando toda clase de eventualidades en forma chusca. Los animalitos nacieron y seguían a la niña a donde quiera que iba: al parque, a la escuela, a la misa dominical.

El escritor tituló el cuento algo así como "Tita Casasús, la Mamá de los Pollitos", en un tono jocoso y de mala leche disfrazada de broma. Queriendo darle una sorpresa "agradable", Fernández le envió a Tita el cuento publicado, lo que le produjo un gran disgusto.

Después de reclamos y ofensas mutuas quedó para siempre terminada una amistad que había perdurado por muchos años.


sábado, 7 de enero de 2017

La muerte vino a comer una tarde

por Mario Note Valencia


Hace poco más de un año doña María viajaba por los alrededores de Veracruz en compañía de su esposo, ahora jubilado. Después de criar a sus hijos, verlos crecer, madurar, casarse y hacer su vida en otra parte, vio bien en dar un respiro una vez al año en ese tipo de viajes que organizan las agencias turísticas de provincia. Excursiones que siempre reparan en la Ciudad de México y de ahí hacia otros estados de la República. Aunque ella conocía a detalle la gran Basílica de Guadalupe, todas y cada una de las iglesias de Cholula, todas las rocas de La Quebrada, en Acapulco, (puntos comunes de estos viajes turísticos), en esa ocasión, recuerda, visitarían Veracruz después de conocer la frontera de Guatemala.

Hace más de un año, en octubre de 2015. Eso me platicaba doña María después de que ambos terminamos de comer en el patio de su casa bajo la sombra fresca de un almendro. Con la yema de sus dedos acarició lentamente el borde de su plato redondo de cristal. Cuando llegó al punto donde reposaba su cuchara de aluminio, se detuvo y guardó silencio, con la mirada de quien piensa más a fondo o de quien se pregunta cuán extraña es la vida. Absorta durante unos segundos, segundos que usé para ir del tallo del árbol a las bonitas marcas que los años han puesto en su frente, me hizo sentir transparente y fuera de su tiempo. Por experiencia comprendí que deseaba monologar un rato.

Entonces recuerda que había sido en un restaurante de Xapala, sí, en uno de esos que se llenan de turistas ansiosos por comer y despistados en que la calidad de la comida corresponda con el precio. Todos los comensales provenían de Tecomán. En la televisión del establecimiento transmitían reportes especiales sobre el paso del huracán Patricia por las costas de Colima. La suerte había querido que todos ellos, incluyendo a doña María y su esposo, estuvieran lejos de casa para cuando el fenómeno tocara tierra. Algunos cuantos preferían ignorar las noticias, pues de algún modo la ansiedad se apoderaba de ellos cuando anunciaban en varias ocasiones que, acaso, sería el ciclón más poderoso registrado en la historia del Océano Pacífico.

–Y ya sabes –me decía– nunca falta el que grita: “¡No te acabes, Tecomán!”. No pasó nada, tú estabas aquí cuando pasó. Fue más el argüende. Y fíjate –siguió–, ahora se está acabando de verdad, pero por tanta matazón que hay en las calles.

Cuando lo dijo no pude estar más de acuerdo. Tecomán es actualmente el municipio más violento del país. Meses antes, cuando apenas comenzaba a recrudecerse la cifra de asesinatos, me imaginaba cómo sería vivir según lo contado sobre Ciudad Juárez, por ejemplo, o Tamaulipas. Ahora no sé si es así como lo imaginé. La cierto es que nos estamos acostumbrando a los muertos.

Aunque evites leer los periódicos o ver el noticiario en la televisión, en todas partes donde se reúne la gente siempre hay una voz que anuncia a quién han matado el día de hoy o a quién andan buscando todavía. Es imposible evitarlo si el deceso ocurre en tu calle, en los alrededores de tu manzana o si se trata, tristemente, de alguien que conocías. Vidas arrancadas. Nadie distingue si el ruido sonoro en el aire proviene de simples explosiones de cohetones o detonaciones de armas largas.

Mucha muerte involucrada con el crimen organizado no se cuenta ni se suma a las estadísticas. Parece que todos la merecían al estilo de quien la hace la paga o porque, como dicen, ya debía otras vidas. En esas reflexiones estaba doña María cuando llamaron a la puerta de su casa. Se trataba de otra señora mayor, vecina suya (quien, a propósito, ha perdido dos nietos de mi edad en un mismo mes). Sólo fue a preguntarle si asistiría más tarde al velorio en la casa de otra vecina que tienen en común:

–Acaba de llegar de la SEMEFO. Una de sus hijas vino a avisarme. Que reconoció el cuerpo de su hijo por un tatuaje de su espalda. Que le dejaron la cara desfigurada y que también…

Vidas arrancadas. Doña María la interrumpe y le contesta que más tarde le avisa. Luego regresa a la mesa y me dice que ya está cansada. Noto su pesar en los ojos. Un muro de desánimo. ¿Cansada de qué? –le pregunto. Cansada de esto: no termina un novenario cuando ya hubo otro desgraciado que perdió la vida. Tan es así que si en una misma calle coinciden dos velorios, los familiares en luto se ponen de acuerdo para no chocar en horarios y permitir que los vecinos asistan a todos los novenarios posibles.

–Es que hay que apoyar, hay que estar presente –me contesta–, como luego una espera que respondan cuando, Dios no lo quiera, pase algo y tengan que venir a mi casa para velar a alguien.

Su visión me hace guardar silencio. La vida cotidiana en Tecomán sigue su curso, a pesar de todo. Disfruto con doña María una tarde agradable de sobremesa y a la vez extraña por los temas que ha tocado. Quienes aquí vivimos ya nos hicimos a la idea. Rezar ya no sirve, Dios no responde. No opera el no buscar donde no debes. Igual muere gente inocente. La sangre es regada en cualquier parte y a cualquier hora del día. Pero a vista de turista: “aquí no pasa nada”. Aunque la gente no tenga miedo, se comporta como el recluso al que le permiten salir al patio de recreo pero vuelve a su jaula cuando cierra la noche.

Te vuelvo a oír, Jiménez, cantar que la vida no vale nada. Los muertos aparecen en los campos donde juegan los niños. Aunque no todos están de luto, la Navidad pasada ha sido de las más apagadas que he visto. No hay mucho qué festejar, al menos en los barrios donde me muevo y vivo. ¿Hasta cuándo viviré? ¿Me tocará ser una de esas… vidas arrancadas? ¿De qué hablarán mis sobrinos cuando sean mayores y recuerden con nostalgia las navidades del pasado?

Me hundo en las reflexiones. Miro a doña María sonreír al decirme “¿qué le vamos a hacer?”. Y suspira. Yo le respondo con una sonrisa. Me gusta cuando sonríe. Recorro con la yema de mis dedos su cabello lacio y corto. En esa proximidad le pregunto:

–¿Te sirvo más agua, mamá?

* * *


Nota: Sólo he querido dejar una chispa, una visión general, de cómo la difícil situación de mi municipio ha invadido las esferas de comunicación humana más íntimas. Me hubiera gustado nunca haberlo escrito por razones obvias. A cualquiera que tenga un poco de amor por la vida le hubiera gustado vivir en un lugar libre de violencia o que, al menos, no hubiéramos llegado a este punto. Cada muerto al que he hecho alusión no es producto de la ficción; lo triste es que son reales y ocurridas en las circunstancias que he contado. La realidad es ésta. Ojalá pronto pase y mi texto pierda vigencia.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Para acabar con los cursos de Superación

por Mario Note Valencia


En mi anterior publicación (Agravios y propósitos de Año Nuevo) ataqué, marcándolos de insustanciales, todos aquellos cursos tipo Superación al Éxito. No dije todo ni tampoco profundicé bastante. Sin embargo, el más inteligente de mis lectores habrá entendido a la primera y descifrado lo que ahí dejé escondido entre las líneas. Confieso que la mayoría de mis textos tienen un doble sentido, no estético, sino intelectual; ahí donde bromeo dejo la piedra de la verdad; ahí donde parece locura, intento alejar a los locos. Uso recursos como la ironía y el humor oscuro: la risa es un mecanismo de defensa para sobrevivir a las duras y ásperas pieles de la vida en sociedad. Siempre me río del otro, una vez que me he reído de mí mismo; encuentro a la risa como un instante de comprensión y despreocupación auténtica, y superior a toda la seriedad de los valores. Hago caso al adagio: cuídate del que se ríe a solas como si se acordara de sus maldades.

Pongamos las estadísticas y especulemos: cada vez son más famosos los cursos de superación personal y “encierros” religiosos en los que unos y otros aseguran que cambiarán tu vida, potenciándola al máximo. La gente acude con buena fe a desembolsar una cuota para que les resuelvan sus problemas, pero se decepcionan cuando descubren que sencillamente “el cambio está en ellos mismos” (palabras que, gratis, pudieron haber leído en cualquier sitio de internet o escuchado de la voz de su mejor amigo, si hubieran procurado antes cosechar una amistad auténtica). Ahí está el problema: no puedes generalizar métodos para conseguir el éxito ignorando que las personas son en esencia diversas, multifacéticas y con necesidades diferentes. Hay personas altamente proactivas como las hay pasivas e inclinadas a seguir las instrucciones. Hay líderes, por supuesto, pero también lideracos (palabra que compuse pensando en líder y pajarraco, porque blah, blah, blah: hablan hasta por los codos, de otro modo se quedan sin trabajo).

Lo que alego es que estos cursos que van de ciudad en ciudad para ilusionar a jóvenes y adultos de vida apagada (rutina alrededor de un trabajo que no les gusta o de una sortija que ya les aprieta el dedo) utilizan el viejo truco de “apantallar” desde el primer día ofreciéndoles el camino a la felicidad. Pero, ¿de verdad me dices que el último fin en la vida es conseguir el éxito económico? ¿O que no hay otra vía para alcanzar la satisfacción? Además, pervierten las artes: sé tú mismo, vuélvete empresario, “emprende”, y si quieres ser pintor, músico, literato, bien, sé el mejor de todos para que ganes (ahí vamos de nuevo) grandes cantidades de dinero haciendo lo que te gusta.

Es absurdo. No hay conexión limpia: es agua turbia este camino de remediar las faltas creativas con deplorables mantras modernos: “ven dinero”, “soy el mejor”, “así me veo en un futuro”, “seré la envidia del vecindario”. ¿Es en serio que gastas doce minutos de tu preciado día para pensar en sandeces injustificadas? Quieren retroceder, en su inteligencia, quinientos años atrás, cuando creían fervientemente en la existencia de la piedra filosofal o en el famoso toque de Midas. La genialidad, por si te lo preguntas, no te encontrará descansando ni soñando con la “ley de atracción” (otra de muchas pajas mentales).

Calma, Note, calma, ¡todos atraemos las energías! ¡Cuidado con las energías negativas! ¡No pienses negativo, no uses tu inteligencia, no acudas a la ciencia ni te excuses con verdades! Y yo pienso únicamente en lo extraña e ingenua que llegan a ser todas las personas enajenadas por un mísero discurso que escucharon en la televisión, en la radio o en el pódium de su Universidad. Diría mi abuelo: les hace falta vivir. Diría yo: visítenme cuando se enteren que, por decir todo lo que he dicho, me ha caído un sinfín de desgracias metafísicas. No los veré, claro, nunca por aquí.

¿Creo en el poder de las palabras? Por supuesto, pero no en el sentido que le dan en otros lados de prostitución espiritual. El lenguaje verbal es muy poderoso: en un contexto ideal, natural y concreto, puede unir o separar personas; de un te amo a un te odio hay muchos abrazos de diferencia. Eso sí, no existen las palabras mágicas, sino los trucos, los recursos para que parezcan mágicas. Los cursos de Superación al Éxito pescan a ilusos con la promoción de una magia (ufana de por sí) como si fuera real y eso, amigos míos, es lo más triste. La gente es víctima, porque también los religiosos la usan para hacer negocio de sus misas bautismales y multitudinarias.

A nadie le gusta ver que se aprovechen de las demás personas. No juzguemos, no todos los asistentes permanecen, o después de asistir al curso les parece que no les sirvió de nada, o que no era tan necesario. Seguro estoy que la gente que ellos llaman “exitosa” no estuvo arrastrándose en semejantes congregaciones. Este tipo de cursos también son usados para estafar a las personas, haciéndoles creer que los preparan para el trabajo y sueldo de sus vidas que la misma empresa ofrece. He visto cómo los tratan y juegan con sus necesidades económicas. Luego los botan. Lo cual es alarmante: cualquiera que se ponga al tiro con discursos motivacionales, así sea un violador de menores, puede crear revoluciones en el pecho febril de los asistentes, sus futuros fieles seguidores.

Hay líderes buenos y malos, dependiendo de las circunstancias. Hay personas que se sienten más a gusto siguiendo a estos líderes, y líderes que persiguen objetivos a favor de la comunidad que los apoya. Que yo sepa, no sobreviven limpios todos los lideracos (líderes falsos, oportunistas). Aquel pobre hombre que sufre de estrés y de no saber vivir su tiempo libre, que use el dinero para irse de vacaciones en lugar de pagar el curso de Superación donde le dirán, irónicamente: “vive más, arriésgate, vete de vacaciones”.

¿Por qué buscas afuera lo que no has sabido encontrar en tu propia casa? ¿Qué tipo de libros lees? ¿Qué tipo de televisión consumes? Y en internet ¿en qué gastas tu tiempo? Dale Me gusta y comenta “Amén” si ves a Cristo en este texto. Dale “Compartir” si eres una persona inteligente. Escribe “7” en la caja de comentarios y espera cinco segundos para ver la magia. ¡Oh, Pandora, vuelve y acaba de nuevo con nosotros! La estupidez es grande y nos rebasa.


Agravios y propósitos de Año Nuevo

por Mario Note Valencia


En esta época se supone que todas las personas cierran ciclos o inventan sus doce idílicos propósitos de año nuevo. No sé si se sienten como los automóviles, en lugar de preguntar qué tal te ha ido te preguntan cómo andas de kilometraje. Yo he visto a viejos hombres más vivos y más jóvenes que los mismos jóvenes. Muchas veces, para envidiar la vitalidad del otro se utiliza el despectivo mote de chavoruco. Curiosamente son estos hombres viejos a los que me encuentro en las terminales de aviones, esperando como yo el placer del viaje por el viaje. ¿Dónde están mis amigos? A unos el trabajo los absorbe; a otros les ha dado por consumirse en la idea de una sortija (que dejarán de usar en unos años).

Dictamen: Este año seré un mejor padre, una mejor esposa, un mejor hijo, una mejor hermana. Un mejor amigo: ¡con que seas amigo “de verdad” con eso basta! No te exijas demasiado. O en general: este año seré una mejor persona, me voy a cuidar mucho, me voy a querer mucho más por todos los años que no me he querido. Llegó, pues, la hora de que todos y todas utilicen la demagogia del mal gobierno: espero hacerlo todo mal para que siempre haya deseos de mejora. Un barril sin fondo es la vanidad que encadena a unos y a otras para fingir que son estas fiestas decembrinas las únicas posibles para perdonar o para brindar amor.

Apuesto a que la siguiente frase, al estilo de Kennedy, es miel en oídos de entusiastas e impostores de la vida pública: “no preguntes qué puede hacer el nuevo año por ti, pregúntate lo que tú puedes hacer por el año nuevo”. Otras más como “El éxito está en ti”, “Cree en ti mismo” o “Piensa diferente” redundan en la cisterna de fantasías inoperables de la vida cotidiana. De esta falsedad no culpo a las sentencias, sino a las personas que fracasan por no saber diferenciar la indulgencia de la verdadera voluntad.

Como cucarachas corren a desafiarme en un debate: yo a mano limpia y ellos detrás de su basurero de palabras. Jamás había visto a tanta gente congregarse alrededor de una persona carismática y corbata al cuello (lideraco a leguas) a cuyos seguidores les demanda “piensen diferente” para que, precisamente, piensen como piensa él o hagan lo que él haría. Otras veces les recuerda que luchen por su sueño pero antes de irse depositen aquí su mensualidad del curso “Motivación para la Superación y el Éxito”.

No sé si es más tonto el que lidera este tipo de cursos o el que paga por ellos. He visto hacer (cobrar) lo mismo a católicos y cristianos con sus respectivos padres y pastores. ¿Qué es el éxito? ¿El dinero? ¿Estás bromeando? Cuéntame algo que no sepa y no use palabras como “escalón”, “nivel”, “paso”, “cima”, “reprogramación”, “inteligencia”, “ley de atracción”, “saltos” (¿salto cuántico, salto mortal, salto de agua, salto del tigre?).

Bendito verde, dinerico. Si el Papa tiene corona de oro, vaya si no se parece a quien mandó crucificar a Cristo. ¿Qué es el éxito? ¿La felicidad? El dinero no compra la felicidad pero, como diría un amigo fotógrafo, he aprendido a distinguir a dos tipos de ricos: los que son y el resto, es decir, los apantallados. Es ineludible, por otro lado, que a nadie le haga mal el dinero, sobre todo a los que están en situación de calle en este sistema de trabaja, compra, disfruta y muérete.

Los grupos de “Superación al excito” (punto g, jijijí, sic latino y sick inglés) han copiado la fórmula mágica de, por ejemplo, Alcohólicos Anónimos (AA). Los grupos “doble A” funcionan bajo el precepto de cooperación entre los mismos asistentes: se escuchan y se abrazan, se dan palmaditas en la espalda, pues el estímulo es el otro que también se levanta contigo. A diferencia de los lideracos, no cobran por las clases de psicología, no cobran para que te conviertas en un perro, una perra, de los negocios. En fin que para todo hay gente y se pinta sola.

Los propósitos (si no nuevos) son plagiados año con año y por una misma persona. Hay gente atorada en un solo propósito, irrealizado desde hace ya varios años. No cabe duda que de la uva al hecho hay mucho _ _ _ _ _ _. (Juguemos al ahorcado). Ah, pero qué rica uva. Uy, qué rico vino. Mmm, qué rica está la cena de fin de año… Saca la pistola, mi’jo: vamos a matar al año viejo. ¿Por qué, papá, por qué hay que matarlo? No sé, hijo, esto hacía tu abuelo.

Y por estas costumbres, hijas del ayuno y la irracionalidad, yo siento que vuelvo a nacer cada 01 de enero: por mi techo de tejas que pueden traspasar las malditas balas perdidas.

jueves, 1 de diciembre de 2016

El nacimiento de un artista

por Mario Note Valencia


a Carlos Adampol Galindo

Una tarde en casa de sus padres, Carlos sube a la azotea para mirar el paisaje urbano del Distrito. Mientras ve cambiar los tonos rojos en el cielo, piensa en que esa tarde será una más entre todas aquellas tardes que necesita para pensar y estar solo. Reflexiona. Todo marcha bien. En la empresa donde trabaja percibe un buen sueldo, ha buscado un ascenso económico y es muy probable que se lo den, lo que significaría pasar el resto de su vida sin preocuparse de nada, absolutamente de nada. Sin embargo, aunque otras veces lo ha pensado, como cuando camina de regreso a su casa después de una jornada en la oficina, esta vez su alma no lo soporta y dibuja una herida en el horizonte de sus expectativas. ¿Es esto lo que quiero? No, no quiero –responde agitado tras el fuego de la revelación–, no quiero vivir así los próximos treinta años. Quiero viajar, caminar, a mí me gusta caminar. Seré un caminante.

Carlos ha hablado demasiado alto. Los demonios de la Vida Útil lo han escuchado. Vuelan hasta él que sigue soñando despierto con ser un viajero infatigable. “No te muevas” –le obligan; su alma joven enmudece. Ahora sus pies no le responden. Siente un terror indescriptible, por aquello de dejarlo todo, por abandonarse en una vida de aventuras y, sobre todo, por las consecuencias. Las consecuencias –medita. Sólo un loco puede rechazar las oportunidades útiles de la vida en la ciudad: el crédito para una casa, un coche, un sueldo atractivo (como dicen todos), también el derecho a la jubilación y a morir viejo, tranquilo, rodeado de sus nietos, pero con el cáncer de los sueños irrealizados. Quizás tengan razón los corazones fríos, pero más terror le da vivir la vida de los otros y no la suya. Vuelve la flama, el ímpetu, la flor con semillas de astrolabios y brújulas astrales. Carlos quiere viajar más allá de donde nace el sol. Quiere ver con su mirada interior, que le dice a gritos es ahora, tienes que hacerlo.

Sus pies comienzan a moverse. Los demonios, vencidos, antes de escapar, volando, amenazan con volver para recordarle del error que ha cometido, pero esto a Carlos no le asusta, no les cree en lo absoluto, porque ahora son más fuertes los impulsos de su libertad y de su espíritu. Si quieren encontrarlo –les hubiera dicho yo a los demonios– tendrían que seguir las huellas, moverse (cosa que no están dispuestos a hacer) por donde sus pies han caminado: entre la selva y los bosques, entre otros pueblos y otras voces, en otras dimensiones de la India, en los templos sagrados de China o arrebujado en el interior de un camión que lo transporta, de incógnito, hasta las frías alturas del Tíbet.  

Después de la (al principio azorada) conversación con su alma, Carlos desciende de la azotea con una respuesta esclarecida: mañana renuncio a mi trabajo. Entonces desciende, quiero decir, para ascender un millar de veces más, comenzando por el sur de México hasta Sudamérica, cruzando el océano para llegar a Europa y atestiguar el otro universo de Oriente. Lleva en su mochila de viaje una cámara réflex y en su mirada habita la intuición. Con el tiempo aprenderá el lenguaje de las miradas múltiples.

* * *




Carlos Adampol Galindo (México, 1976) presenta su obra El ojo del alma el próximo 07 de diciembre de 2016 a las 19 horas en la Fundación del Centro Cultural del México Contemporáneo (calle Leandro Valle 20, Centro histórico de la Ciudad de México). Su página: www.elojodepez.com

martes, 29 de noviembre de 2016

Filtros para maldecir a Fidel

por Mario Note Valencia


Asumo que gran parte de mis opiniones escritas no se oponen a lo que yo hubiera contestado si me preguntaran sobre la muerte de Fidel Castro: ¿usted lo admira?, ¿lo rechaza?, ¿qué representa Fidel para la historia?, ¿un error?, ¿es la maldad como dicen?

Es indudable que el tema de su muerte sólo ha puesto a flote una verdad de su figura: se mire por donde se mire, Cuba (y especialmente las directrices que tomó Fidel, encarnación política de la Revolución Cubana) fue el parteaguas en la historia sociopolítica de Latinoamérica de toda la segunda mitad del siglo XX, no sólo porque no se rindió frente a la magia perversa de su vecino yanqui, sino porque el proyecto ha sobrevivido, pese a todos los costos, murallas mercantiles, amenazas, difamaciones y pactos de silencio que han elucubrado los países aliados al capitalismo.

En consecuencia, cualquier opinión con respecto a Fidel y a Cuba puede ser tomada como una simple condensación personal de creencias, científicas y no científicas, emitida desde cualquier parte del mundo. Sin embargo, ¿quién, pregunto, tendría todo el derecho de opinar? Pienso que únicamente los cubanos, los exiliados y los que viven actualmente en la isla, conformes o inconformes con el sistema socioeconómico que llevan. No deja de ser, al final de cuentas, un tema ocioso: los occidentales acusan a los de oriente, y viceversa; de igual modo, los capitalistas a los socialistas, y todos, de algún modo, pretenden tener la razón.  

Parece muy difícil de creer que, entonces, no exista ninguna opinión completamente libre de prejuicios políticos, pero es la verdad. Dime cómo vives, en dónde vives, y lo que vistes, cómo vistes, y lo que lees o escuchas, o los aparatos tecnológicos que usas para leer, por ejemplo, este artículo. Pertenecemos a un mundo capitalista en donde la noción de felicidad humana está condicionada por los medios socioeconómicos (que ofrece el mismo sistema para alcanzarla); lo mismo para el socialismo cubano. “¿Quién es más libre?” no es la pregunta correcta.

Más aún: ¿somos más libres cuando nos comparamos con el aislamiento cuasi-extremo de los Norcoreanos? Bueno, lo que supone un individuo como realización de su entera libertad puede ir, muchas veces, en contra de la escala de valores defendida por el Estado. Y frente a frente con Corea del Norte: ¿es el mexicano tan libre como lo señala su Constitución?, ¿libre de opinión, no represalias?, o ¿es verdad que hoy por hoy se siente tan inseguro y desconfiado de los órganos de impartición de justicia que el Estado pone a su servicio? Las encuestas arrojan percepciones alarmantes.

Lo que deseo hacer con todo esto es sacar del terreno de debate todas aquellas opiniones que olvidaron pensar en lo anterior o que ignoran lo siguiente. Entonces, ¿una Cuba Libre? Tanto repudio al dirigente de los isleños, pero no dejan de fumarse los habanos, beberse el Bacardí, consumir arte cubano (pintura, música, literatura) o ir de visita turística a La Habana.  Entre Corea del Norte y Cuba hay mucha diferencia, lo mismo si hablamos de Vietnam, Rusia y China (la liga de los socialistas). No hace falta ir tan lejos para saber que aquí también hay pobreza del demonio. Cada país socialista, digamos, se las ha arreglado a su manera; desde su nacimiento con la Revolución Rusa en 1917, el Socialismo ha cambiado con el tiempo y los países. Cuba aquí anda, en sus propios quehaceres, después de aventarse un paquete que ni a México le hubiera encantado: amenazar en plena Guerra Fría a Estados Unidos, hijo pródigo del Capitalismo (respaldado a regañadientes por sus Padres: Francia e Inglaterra) e invasor de invasores, por eso vamos a darle una condecoración por cada una de sus bases militares regadas en el mundo. ¡Vaya! ¿Qué pasa, Padre? Pues, hijo, me he dado cuenta de que tampoco Rusia es una santa.

La verdadera praxis del socialismo apenas lleva un poco más de cien años. Como principio: derrocó un imperio, que no se preocupaba de su pueblo, los bajos y bajísimos estamentos sociales, y que era, sobre todo, unilateral en sus decisiones. En ese tiempo, tus bisabuelos luchaban en la revoltosa Revolución Mexicana, grupos unidos y dispersos, encontrados y otros indispuestos, mientras allá, en la fría y desolada Rusia, los obreros abandonaban la producción para levantarse en contra del intocable Zar, de forma multitudinaria, educada en ideas radicales y filosóficas, organizada, en contra de la siempre inveterada inocencia de la represión.

Que también Cuba y Rusia se convirtieron en dictaduras después de la Revolución, no vamos a negarlo, justificaciones hubo para mal y para bien, pero tampoco negaremos que las cosas han cambiado: ya no es Fidel, ya no es Stalin, ya no son los años 60 ni los 30, respectivamente; como dato presente, los cyber-activistas que publican en internet los malsanos planes secretos del gobierno capitalista han encontrado en Rusia un asilo, un exilio apresurado, único lugar en el mundo para sobrevivir a las amenazas (entiéndase, por ejemplo, WikiLeaks). Alguien lo hace; alguien te abre los ojos, pero lo paga.

Antes de repudiar a Fidel (cosa que, insisto, habría que dejárselo a los cubanos) se tendría que haber despotricado ya en contra de todas las manifestaciones socialistas permeadas en la globalización de las culturas. Vamos a analizar: antes que a Fidel, hay que maldecir a todos los intelectuales mexicanos, antiporfiristas, que vieron cómo los burgueses se acaudalaban a costa de los trabajadores mal pagados; despotricar en contra de que en Rusia hayan derrocado el absolutismo; despotricar contra todos aquellos rusos que permitieron la rendición del régimen Nazi (en un momento en que Francia estaba fuera de combate y Estados Unidos no podía con Japón, etc., etc.); despotricar ahora en contra de la Revolución Mexicana; en contra de Lázaro Cárdenas; en contra de los estudiantes del 68 y de todas las formas de sindicatos que existen en pro y defensa de sus agremiados. ¿Cuentas con algún familiar respaldado por un sindicato?, ¿un familiar jubilado y pensionado según las leyes que defienden al trabajador en México? Bien, pues despotrica en su contra, imagínalo con una máscara de Marx o con el beligerante atuendo de Fidel, Camilo Cien, El Che, y rómpele su cara.

Ahora ves que no es tan sencillo. Quizá llegues a pensar que, pese a todo, cobijado bajo el régimen capitalista, no le debes nada al socialismo. Qué lejos estás, amigo, de la realidad. La historia escrita no existe únicamente para aprenderse de memoria, sino para interpretarse, convulsionar los hechos, enlazar los datos (reales o falsos, discernirlos en dado caso), interpretarlos para tu propia comprensión de la realidad, para descubrir los engranes que mueven la vida social y el ambiente político bajo el cual naciste, aquí y no allá, y por qué las cosas son como son. Claro, si estás conforme, no hay problema, mejor olvídalo, pero también guarda silencio; muchos no pensamos igual, y no elegimos pensar diferente, nadie nos mandó a hacerlo, sólo que, te cuento, la Realidad viene de vez en cuando a despertarnos con una bofetada. ¿Qué harías tú? No es un sacrificio, pero estamos listos para cuando nos toque defender la dignidad de tus padres.

Fidel es un síntoma de lucha; es Historia, ¿lo absolverá algún día? No es un anhelo, no es una petición. No todo lo que hizo después del triunfo merece los aplausos, pero es intachable la Revolución Cubana. Sin embargo, dijimos, no podemos opinar a ciencia cierta: Fidel, la Revolución y Cuba, mientras no pase otra cosa, serán indiscernibles para la Historia, excepto para los cubanos, los de hace tiempo y los que vienen. 

Hay quienes llegan después y opinan cuando las cosas están calmadas, ignorantes de la cicatriz y el fuego. No es su culpa. En un futuro ¿llegaremos a contar que México estuvo completamente en paz? Ojalá, pero que en 2015 y 2016 el Estado Mexicano fue una especie de tirano institucional: o mueres conmigo o con el enemigo (proverbio del soldado fascista). Traducido al buen decir: ¡Échate pa’tras que te mato, hijo de la chingada! Al fin que soy mexicano, y de eso sí que puedo hablar. So, ¿por qué tan callado, camarada? ¿Pretendes saber más de Cuba que de tu propio país?


lunes, 28 de noviembre de 2016

Chavela

por José Calderón Mena


No todo lo que nos acontece en la vida es necesariamente trascendente; sin embargo, por una extraña razón algunos recuerdos persisten en nuestra memoria como algo divertido, aunque en su momento haya sido bochornoso.

A principio de los 70 asistí a la casa de unos amigos con los que solía reunirme con cierta frecuencia para pasar un rato agradable y compartir, bajo cualquier pretexto, el gusto por la amistad.

Pasada la medianoche y agotadas las botanas y los tragos nos despedimos y nos retiramos.

Como yo no tenía automóvil acepté el ride que amablemente me ofreció mi buena amiga y compañera de trabajo Juanita Nicholson, ya que vivíamos por el mismo rumbo: ella en la colonia Roma y yo en la Condesa.

Al cruzar Paseo de la Reforma nos acordamos que teníamos pendiente una visita a "La Copa de Champaña", un bar en donde cantaba Chavela Vargas, y como aún era temprano decidimos tomar una última copa y disfrutar el show.

Sin pensarlo mucho, entramos al lugar, ordenamos unos vodka-tonics y empezamos a disfrutar del ambiente bohemio que se respiraba.

De pronto nos dimos cuenta de que ninguno de los dos traíamos suficiente dinero; era fin de quincena y nuestros bolsillos estaban casi vacíos.

Alargamos lo más que pudimos el consumo de nuestra copa mientras veíamos cantar a Chavela, sin saber qué hacer, ni cómo salir del predicamento.

En un arranque de audacia, y aprovechando que la cantante se retiraba un momento a su camerino, Juanita se encaminó hacia allá y con gran aplomo tocó la puerta.

Al estar frente a la artista, comenzó por decirle que nuestra jefa, Tita Casasús, le enviaba saludos, lo cual no era totalmente cierto, sin embargo sabíamos que se conocían; Chavela la recordó con afecto y le hizo algunas preguntas.

Ya iniciada la conversación, Juanita le explicó la situación embarazosa en que nos encontrábamos, pero Chavela le dijo que no nos preocupáramos, que ella nos enviaría un mesero para que nos atendiera.

Cumplida la misión, mi amiga regresó a la mesa y a los pocos momentos llegó el mesero enviado por Chavela, nos preguntó que con cuánto dinero contábamos, al saberlo, nos dijo que él nos avisaría para cuántos tragos más nos alcanzaba.

En la segunda copa, mejoró el sabor de nuestra bebida, sustituído el fantasma del Oso Negro por el alma rusa en nuestros vodka-tonics.

Ya más tranquilos disfrutamos enormemente el concierto de la artista, el ambiente y, por supuesto, nuestros tragos.

A la tercera copa, y pensando que el mesero se había olvidado de nosotros, lo llamamos y solicitamos nuestra cuenta, temiendo un nuevo conflicto.

El muchacho se acercó solícito, y al saber que deseábamos retirarnos nos dijo que la señora Vargas nos agradecía nuestra presencia y que deseaba que hubiéramos disfrutado nuestra velada.

La cuenta estaba saldada.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Aprendiz de todo

por José Calderón Mena


Hay quienes viajamos a través del tiempo con las ventanas de la mente abiertas, ofreciendo a la vida nuestra disposición de aprender y aprehender conocimientos que nos hacen feliz el tránsito por la misma, sin orden ni concierto, a veces de forma equivocada, sin guías precisas; pero siempre buscando ser fieles a una vocación errática de eternos aprendices.

Fue de esa manera como desarrollé una gran afición por las bellas artes, en particular la literatura, la pintura, la música, pero sobre todo el teatro.

A finales de 1976 llegué a vivir con mi familia a Tonalá, una pequeña ciudad de la costa chiapaneca de donde era originaria mi esposa, con el fin de emprender un negocio y tratar de vivir una vida más apacible y sosegada, lejos de la gran ciudad, que empezaba a ser complicada y agobiante.

Al principio fue muy difícil adaptarse al lugar, empezando por el clima, demasiado cálido todo el año, y la absoluta falta de distracciones, sólo compensada por la playa cercana que mis hijos disfrutaban, nuestra cercanía como familia y el tiempo para leer.

Las principales actividades del municipio eran la ganadería y la pesca así como el cultivo de árboles frutales, lo que hacía de la región rica en recursos naturales, y por lo tanto próspera económicamente.

Todos los fenómenos climáticos son exagerados en Tonalá: el calor intenso, la época de lluvias con temporales que pueden durar días enteros sin parar y dejan el lugar aislado del resto del país un año sí y otro también.

Luego, entre octubre y marzo, la temporada de "nortes", unos vientos tan fuertes que levantan los tejados y llegan a arrancar de raíz grandes árboles y que pueden durar soplando hasta una semana. Las nubes se "acuestan" sobre la sierra cercana, dando al lugar una imagen andina.

Todo esto con el fondo dulce y melancólico de la música de marimba, en fiestas celebratorias que también se prolongan por días, trátese de festejos familiares o fiestas patronales en honor a San Francisco: "Tata Chico".

A los pocos años de haber llegado, y siendo funcionario del estado el poeta Oscar Wong, originario de Tonalá, tuvo la iniciativa de crear en su pueblo la Casa de la Cultura, nombrando directora a Sofía Mireles Gavito, licenciada en filosofía y maestra en la escuela preparatoria local.

Luego de conformar el personal administrativo, la Licda. Mireles creó los diferentes talleres y echó a andar la institución que al día de hoy sigue vigente. Dichos talleres fueron: música, artes plásticas, creación literaria y teatro.

De la materia literaria se hizo cargo mi esposa Guadalupe Mafud de la Cruz, que tenía una licenciatura en letras hispánicas por la UNAM.

El taller de teatro recayó en mi persona, que no tenía ninguna experiencia en docencia, pero sí un gran amor por el teatro, así como cierta experiencia como espectador y lector, tanto de disciplinas teatrales como de obras dramáticas, clásicas como contemporáneas, lo que me hizo atreverme a solicitar el puesto.

El grupo quedó conformado por jóvenes normalistas y preparatorianos, a los que logré transmitir mi entusiasmo por el teatro e iniciamos una aventura que es una de las más gratas experiencias en mi vida.

Después de cierta preparación teórica, nos dedicamos a hacer representaciones, tanto en salones adecuados, como en las canchas deportivas de las escuelas de la ciudad, así como en la cárcel municipal; desde obras cortas y simples hasta su alcance de la comprensión popular, así como una obra en tres actos de Hugo Argüelles, donde estuvo involucrada como actriz la propia directora, la Licda. Mireles.

La experiencia terminó cuando dejamos el lugar buscando uno más propicio para la educación de nuestros hijos; pero quedó en la memoria como algo imborrable y permanente, y la certeza de que el aprendizaje recompensa y estimula, aunque nunca se llegue a ser "oficial de nada".



jueves, 3 de noviembre de 2016

Entre revolucionarios

por José Calderón Mena


En el año de 1961 entré a trabajar en el taller de Víctor Trapote Mateo, un escultor español refugiado de la República.

Víctor había llegado a México en el 42, con su mujer Inés Minué y su hija Irina de cuatro años, en calidad de exiliados, junto con otros combatientes de diferentes facciones. Él era de filiación anarquista, con grado de teniente coronel y miembro del grupo de inteligencia soviético.

Ya se sabe que la guerra civil española fue un sangriento ensayo de lo que habría de ser la Segunda Guerra Mundial.

Luego de algunos años en que organizó su vida en el país, entró en contacto con un grupo de jóvenes cubanos que soñaban con rescatar a su patria de manos de la dictadura de Batista.

Gracias a sus contactos con los demás miembros del exilio, Víctor Trapote consiguió financiamiento económico para la causa. Fue así que a mediados de los 50 pudieron zarpar desde Tuxpan, Veracruz, a bordo del Granma los entonces jóvenes Fidel y Raúl Castro, así como Ernesto Guevara y Ramiro Valdés, entre otros, con el propósito de iniciar la revolución, apoyados de la protección política del Gral. Lázaro Cárdenas.

Yo había llegado al taller de Trapote gracias a la recomendación de una cliente del salón de belleza de mi tía en la colonia Condesa. Esta señora se llamaba Fanny Yanovich, una judía rusa que había venido a México en el 37 como secretaria de León Trotsky (otro revolucionario).

Al triunfo de la revolución cubana, en 1959, Irina Trapote viajó a la isla y se casó con el Teniente Ramiro Valdés, lugarteniente de Fidel y Ministro del Interior, así como Jefe de Inteligencia, a la cual pasó a formar parte el escultor Trapote.

A partir de entonces, y con cierta frecuencia, me mandaban a “Cubana de Aviación” con paquetes de cigarrillos Kent, jamón serrano, cortes de carne, dulces, etc., para Cuqui (Irina) que no tenía por qué pasar por la austeridad y el sacrificio impuesto al pueblo cubano.

Todo esto era parte del trasfondo de un taller muy prestigiado que se dedicaba a enmarcar y a restaurar pintura y escultura y lugar donde desfilaba lo más selecto del arte y la aristocracia de la época.

El taller era fuente de trabajo de unos 15 obreros que por algún tipo de inconformidad empezaron a organizarse para exigir solución a sus demandas laborales.

Cuando el rumor llegó a oídos del jefe de los obreros, éste aconsejó a Trapote llamar a un amigo suyo, Abraham López, miembro destacado de la C.T.M. y amigo personal de Fidel Velázquez, máxima autoridad del Sindicalismo Oficial de México, para poner fin al naciente descontento.

Con la "elocuencia revolucionaria" que caracteriza a este tipo de líderes, los convenció de los beneficios de pertenecer a la organización, y mediante el despido del cabecilla descontento y "alborotador", quedó conjurada la revolución antes de iniciarse.

¿Cómo explicar esto? ¿Cómo encontrar congruencia entre los ideales y los hechos?

¡Gran desilusión!

¿Seguirá siendo cierto aquello de: "Que se haga la voluntad del Señor... en los bueyes de mi compadre"?


martes, 1 de noviembre de 2016

Otras palabras de un padrino

por Mario Note Valencia

viernes 28 de octubre de 2016 

Muy buenas tardes a todas las personas que nos acompañan en esta importante ceremonia de egreso. El motivo por el cual estoy aquí es para apadrinar un grupo en específico de esta generación, un grupo que cursó su bachillerato los domingos, conformado por muchachas jóvenes, alegres, simpáticas e inteligentes.

Es un honor para mí estar presente en este evento que representa la culminación de un proyecto que ustedes emprendieron hace dos años.  Aquí tienen una meta cumplida, ahora tan real y concreta que merece todos los aplausos.

En el salón de clases alguna vez comentamos que casi todas las cosas que nos pasan son fruto de las consecuencias, únicamente de las consecuencias; ¿consecuencias de qué? De su esfuerzo, de su dedicación, de sus ganas de seguir y de intentarlo a pesar de las asperezas que nos ofrece la vida, sobre lo cual agrego que: la rosa tiene espinas en su tallo, pero no por eso deja de ser bella.

Entonces aprovechen los instantes bellos, como éste, en los que puedan ser protagonistas. Conviértanse en la directora de su propia obra. Construyan el camino. Los recuerdos felices son los que a veces nos ayudan a seguir adelante. Pongan emoción y empeño en todo lo que hagan, háganlo con amor, dedíquenselo a alguien más, alguien más que esté o no esté con nosotros, y verán que el trabajo más pesado se hace por sí solo.

Sean fieles a sus sueños, no le den la espalda. El futuro siempre será una revaloración del tiempo que se gana y se pierde. Tengan en cuenta el tiempo, el reloj, las horas, el calendario; pero tampoco se frustren demasiado pronto. Sean pacientes (ya lo ven ahora). Las cosas que uno quiere hay que desearlas igual desde el primer día, hacer algo por ellas, como si regáramos un jardín, hasta que el día de mañana florezca un presente lleno de satisfacciones.

A veces hay que hacer algunos sacrificios, es cierto. Ustedes ya lo saben perfectamente. Decía un pensador que “se pueden perder amigos y recuperarlos, se pueden perder amores y recuperarlos, pero el tiempo que se pierde jamás se recupera”. Por lo tanto, valoro mucho el tiempo que compartí con ustedes en el salón de clases. Ha sido, fue, un aprendizaje mutuo. No pienso olvidarlas tan pronto, además: ¿cómo podría?

Me siento sumamente orgulloso de ustedes, orgulloso de cada una de ustedes. Si éstas fueran mis últimas palabras quiero decirles que las quiero mucho, y hagan lo que hagan siempre tengan presente que hay alguien, además de mí, que las admira. Si por el tiempo y los caminos, me perderé muchos instantes felices que tendrán ustedes en su vida, entonces enmarcaré este recuerdo para acordarme. Muchas felicidades.